sábado, 3 de octubre de 2009

LA MALA EDUCACIÓN

Mucho se habla de las campañas que hace la DGT para evitar accidentes en carretera, pero nada se dice de los accidentes en población. No de los que se producen, sino de los que se podrían producir debido a las escandalosas infracciones de tráfico que hacen determinadas personas con el beneplácito de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Son personas que no tienen ninguna educación, que no tienen aprecio a la vida ni a la vida de los demás. No son gente, son gentuza. Aparcan donde les sale del pito, en cualquier esquina, en cualquier calle de doble sentido o sentido único, en avenidas. Aparcan en doble fila para tomarse una caña o comprar tabaco, para sacar una película de un videoclub, para comprar un bote de cerveza en una tienda de chinos, para rebuznar con sus amigotes. Impiden la circulación de camiones, camionetas, ambulancias, autobuses urbanos, de personas por las aceras, de carritos de bebés, de personas minusválidas. Van a toda hostia por las calles, sin respetar los pasos de cebra (bienaventurados los que crean en los pasos de cebra porque ellos verán a Dios). Son auténticos terroristas callejeros, bombas rodantes, francotiradores sin cojones para dar la cara y responder de sus actos.

Sí que es verdad que lo hacen porque pueden, porque se lo permiten quienes debían impedirlo, que, dicho sea de paso, tienen tanta culpa o más que la propia gentuza infractora.

Pero hay algo aún más fuerte que las autoridades que les tendría que impedir actuar así. Me refiero a la educación. No a la educación vial que algunas asociaciones se empeñan en querer introducir en el currículo escolar con el perjuicio de las demás asignaturas fundamentales, sino a la educación a secas, a la que deberían haber mamado de la teta materna en vez de mamar cucharaditas de anís para los gases. La educación no se puede enseñar en ninguna otra parte que no sea en la propia familia. Esta educación debería servir para poder acceder a los servicios que la vida y la sociedad nos permite tener, entre los que se encuentra el carnet de conducir. Quien no la tuviera, no tendría lo que añora o lo que le corresponde.

La DGT debería enfocar sus campañas en la educación. Cuando examine del carnet de conducir a los futuros conductores, debería de hacer una prueba de educación y quien no la pasara no obtendría el carnet. Quizás evitaríamos accidentes o riesgos importantes de accidentes.

La pega está en quién examinaría de educación a secas. ¿La tendrían los examinadores? ¿Qué se considera educación y qué no en esas pruebas? ¿Quién prepararía esos exámenes? En definitiva: ¿Qué entenderían ellos por educación?.

Asunto peliagudo y complejo que no tiene fácil solución, por no decir ninguna. Mientras tanto, miremos al cielo pidiendo que algún cafre de éstos no se cruce en nuestro camino, nunca mejor dicho.

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