miércoles, 14 de noviembre de 2012

SÍ, PERO ... ¿QUÉ ES EL ROMÁNICO?


      ¡Parvulitos y parvulitas! ¡Estudiantines todos!, ¿romaniqueáis mucho? ¿Tenéis ya un cuerpo románico? ¿Y la mente, tratáis de pensar como ellos mientras leéis cada capítulo? Hacedlo, es la única forma de poder entender todo lo que rodea y abarca el Románico. ¡Seguid así!
            
         Durante todo este tiempo hemos hablado de muchos temas que son importantes para entender el Románico. La vida en la edad medieval, cómo era España y Europa durante ese tiempo, de donde procede la palabra y el origen del Románico; temas importantes pero que no acaban de aterrizar de una vez por todas en lo verdadero del Arte Románico. Son temas circunstanciales y a la vez complementarios, pero básicos para su entendimiento.

         “Muy bien, ya lo tengo todo claro, entendido y aprendido, pero … ¿qué es el Arte Románico?” diréis la mayoría de vosotros, “… ¿qué es realmente?”.

         Bueno, vamos a tratar de explicarlo.

         Como hemos dicho en capítulos anteriores, el Arte Románico nace a partir de todo el pensamiento postmileniarista, después del año 1.000, cuando los habitantes de toda Europa se dan cuenta que nada de lo maléficamente profetizado ocurre.

         Realmente nace un poco antes del año 1.000, concretamente en fecha aproximada al año 950, donde ya se comenzaba a edificar utilizando unas determinadas pautas comunes. El periodo de finalización lo podemos considerar hacia la mitad del siglo XIII, aunque, como ocurriera en su aparición, mucho antes de esa fecha, hacia finales del siglo XII, ya se comenzaba a construir modificando las características románicas; era el comienzo tibio del  Arte Gótico.

         Se dice que todo lo que el hombre hace, crea o inventa, lleva consigo, para siempre, el estado de ánimo de su creador; si hablamos de épocas, éstas también transmiten el espíritu y la sensibilidad que las distingue.

         Como todo arte, el Arte Románico es un fiel reflejo del pensamiento de una época (y no al revés: generalmente es la sociedad la que cambia el arte, y no el arte quien cambia la sociedad). En esta época, la población vivía asustada por todos los males profetizados para el año 1.000. Observando que nada de eso ocurría, la sociedad comenzó a despertar de su propio miedo, y ese abrir de ojos fue lo que llevó al hombre medieval a construir, agradeciendo a Dios que nada terrible había pasado. Es, por tanto, un arte respuesta a un modo casi universal de sentir, común a toda Europa y con una larga pervivencia en el tiempo. No ha habido otro arte que una tantos territorios a la vez y durante tanto tiempo como el Románico.

         Luego el Arte Románico es un arte fundamentalmente religioso, nacido al amparo de ese agradecimiento a Dios. Es el arte sagrado del cristianismo occidental, el arte religioso que plasma creencias y miedos del hombre; es profundamente espiritual. No hay ninguna manifestación románica que no conlleve su carácter sacro, como no hay ninguna otra manifestación artística en Europa que no se remita exclusivamente a su carácter sagrado. Será por ello, a partir de su característica sacra, que el Arte Románico influya en la sociedad románica.

 Tímpano en Estella (Navarra)
         
        También ese carácter sagrado le va a otorgar otra de las características fundamentales al Arte Románico: la comunicación con Dios, el Dios al que se refiere la Iglesia de Roma, esa iglesia que, como hemos dicho en alguna ocasión, estaba presente en todos los aspectos de la vida medieval: en las ciudades, pueblos y aldeas, en las ferias y mercados; la Iglesia controlaba el ritmo de la vida.


         El Arte Románico proclamaba el triunfo de la Iglesia Católica, convertida en el cordón umbilical que une a Dios con el hombre, el puente entre lo divino y lo humano, entre el Cielo y la Tierra.


Pantocrator. San Vicente de Taüll (Lérida)
         Sí, ya sé lo que estáis pensando: “Este cura barre para casa. Nos quiere convencer que todo el arte que estudiamos es arte religioso; que todo tiene que ser religioso, como él”.

         No, no es eso. Todo el arte que estudiáis, desde el más antiguo al más contemporáneo, es un arte creado por el hombre como expresión de su época y de sus sentimientos, sean éstos religiosos o no. Pero sí que el Arte Románico es un arte eminentemente religioso y sagrado, propio de una sociedad gobernada, como hemos dicho antes, por la Iglesia. Recordad que la Iglesia, el clero, tenía tanto o más poder que el Rey o el señor de la zona. Pensad que los emperadores y reyes comenzaban a serlo sólo y únicamente cuando los coronaba la Iglesia. Este arte convivió estrechamente con la Iglesia, y es fiel reflejo de esa convivencia y su aplicación a la sociedad.

         Bien, aclarado este matiz básico, prosigamos con nuestra explicación.

         De igual manera que la Iglesia era la que controlaba al hombre durante aquella época, el edificio de la iglesia era, arquitectónicamente hablando, el elemento dominante en el Románico, muy por delante de la pintura y de la escultura, aunque esta última tenía bastante mayor importancia de la que creemos. ¿La razón? Es muy sencilla, y recuerdo haberos dado algunas pistas en capítulos anteriores sobre la respuesta. Aún así, se puede volver a explicar, eso sí, de una manera más somera.

         El hombre medieval era totalmente analfabeto. No sabía leer ni escribir en su mayoría. En aquella época no había escuelas, y tan sólo el clero (¡otra vez éstos!) y algunos reyes y señores (no todos) sabían de lectura y escritura. Pero aquel que lo sabía hacer lo hacía en latín, que era la lengua que utilizaban para comunicarse entre ellos, dado que, por ejemplo, en un monasterio podían profesar monjes de diferentes países, cada uno hablando su lengua vulgar propia de su territorio de procedencia, lengua que los demás monjes no entendían. Por ello, se comunicaban en latín. Pero esa lengua culta tampoco era conocida por el campesinado que, como mucho, sabía hablar la lengua vulgar de su aldea o territorio en el que habitaba.

         Esa incultura campesina le creaba un problema a la Iglesia a la hora de acentuar la comunicación entre Dios y el hombre. ¿Cómo podían “culturizar” de una manera religiosa a toda una población analfabeta? Muy sencillo: por medio de la escultura y, en menor medida, por medio de la pintura.

         La Iglesia utilizó la escultura tallada en la piedra de portadas y capiteles para proclamar los evangelios a la población, para instruirlos. Las iglesias románicas se convirtieron en verdaderos evangelios de piedra, arquitecturas que hablaban. El Arte Románico se convertía así en un arte didáctico.

                                                                            Caín mata a Abel. Capitel del claustro de San Juan de la Peña (Huesca)


         Además de la escultura, la pintura y el mosaico también están al servicio de las clases dominantes, clero y nobleza, para representar un modo de vida, una justificación de la sociedad estamental, y para acercar a la masa analfabeta la doctrina de la Iglesia mediante la simbología y las imágenes.

         Desde el punto de vista románico, el primero que pudo hablar claramente del arte como catequesis para la población fue San Juan Damasceno, el cual, desde su prisión de Damasco, entre el año 740 y el 749, escribió: “Lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, no lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen.”

         Si antes hemos dicho que la arquitectura era la parte dominante en el Arte Románico, la iglesia como templo era el edificio más importante. Era el lugar en el que se realizaba esa comunicación entre Dios y el hombre, y lo hacía utilizando todas las formas escultóricas que poblaban el templo. Es en la iglesia donde el Arte Románico se abre, se hace libre, se universaliza en relación con los individuos que la visitan y la utilizan. Esas tallas en piedra hacen que fluya una comunicación subjetiva con cada individuo en función de la interpretación de lo visto. Es ahí donde surge otra característica fundamental del arte Románico: el simbolismo. El Arte Románico es también simbólico, utiliza el símbolo para catequizar e instruir, a la vez que deja a cada individuo libertad de interpretación del símbolo para utilizarlo como propio en su comunicación con Dios.

Mujer adúltera. Portada de Platerías. Santiago de Compostela

          Luego el Arte Románico es un arte dirigido a cada individuo, a su intelecto. Es un arte que, más que representar, quiere sugerir, que cada uno invente al personaje, al concepto o el mensaje. Es un arte universal que produce el gozo en quién lo admira, y que su interpretación personal coincide con los valores de su propia ética. Es armónico, tiene armonía entre los elementos y el mensaje que se quiere transmitir. Todo esto es, ni más ni menos, el Arte Románico.

         No quisiera dejar pasar la ocasión para deciros que toda esa armonía y belleza del arte Románico es lo que le está dando ese auge que nuevamente está adquiriendo por parte del hombre moderno. Llama poderosamente la atención por el admirable canon de belleza y equilibrio que muestran sus formas, teniendo en cuenta la escasez de medios de los que se disponía para llegar a resultados de tal armonía.

No dejará dudas la función del edificio porque su esencia estará basada en las funciones teológicas y teofánicas que han perdurado a través de los siglos, con la misma relación de identidad que conservan en la actualidad los templos cristianos actuales. Frente a otras edificaciones de la época medieval que ya carecen de la función para la que fueron creadas, como los castillos o los palacios, las iglesias románicas mantienen el rango de museos vivientes, útiles y funcionales, y no de elementos culturales fosilizados como los citados anteriormente.

La presencia de esas edificaciones entre nosotros es la mejor prueba de un modus vivendi, aunque mejor cabría decir de un modus orandi, pues estaban hechas para el oficio litúrgico que ha venido siendo desempeñado ininterrumpidamente desde su construcción como templos.

Un edificio lo constituyen no sólo las piedras que lo sustentan, sino las condiciones sociales que lo motivaron. Sin la consideración de estas circunstancias no habrá conclusiones certeras sobre su origen, función y desarrollo.

El Arte Románico en modo alguno puede entenderse aislado de su entorno, y sin embargo, parece como si la mera contemplación de lo artístico fuera suficiente, como si no interesara nada más allá de esas curiosas e incluso “misteriosas” representaciones en la piedra o muchas veces de la romántica belleza que acomoda el monumento a su entorno natural. No puede olvidarse que estas obras de arte fueron levantadas y utilizadas en su día por unas gentes que tenían unos esquemas mentales un tanto distintos a los nuestros –aunque hay que reconocer que casi siempre nos son prácticamente desconocidos- y un régimen de vida tan difícil de imaginar como complicado de reconstruir con cierto rigor por el historiador. Estos monumentos se erigieron en un entorno de particulares relaciones sociales, bajo unas circunstancias políticas e ideológicas, en medio de unos fundamentos culturales y religiosos, a partir de unos recursos económicos cuyo resultado –al menos parcialmente-, es el arte que nosotros llegamos a contemplar. De la capacidad del historiador demandaremos el conocimiento de todo ese entorno y su divulgación; de la curiosidad del visitante su interés más allá de las piedras.

La vida del hombre moderno está sometida a prisas, al ajetreo de un trabajo ferozmente competitivo y brutal que devora la capacidad humana de sosiego y comprensión. Todo camina tan aprisa que no hay tiempo para la reflexión, para el recreo tranquilo y apacible del legado de su propia historia. No es capaz de comprender más que el presente intentando afianzar el futuro en una vorágine que le hace perder la conciencia de su pasado. Por eso necesita de referentes que, sin despreciar el presente ni el futuro, le haga comprender el pasado, cuanto más remoto mejor.

Ese es uno de los éxitos del atractivo del Arte Románico en la actualidad: el que pueda hacer comprender la vida desde un punto de vista de mayor equilibrio, como el que tienen esos edificios antiguos, que a pesar de tener existencia en una civilización tan avanzada como la nuestra, siguen presentes para nuestro goce, pero sobre todo para mostrar el camino de la historia y de lo poco que somos en el transcurrir de los tiempos.

Ojalá que este arte, u otro cualquiera, sirva para no perder de vista el equilibrio necesario en el ser humano y no consentir la rebarbarización del hombre.

¡Hasta pronto!


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