sábado, 27 de julio de 2019

VÍRGENES NEGRAS (II) - MADRE-TIERRA DIOSA-MADRE MAGNA-MATER

VÍRGENES NEGRAS (II)
(Madre-Tierra, Diosa-Madre, Magna-Mater)
           

Como se ha podido comprobar en la primera parte de este miniestudio acerca de las vírgenes negras, las mismas no han aparecido ni por asomo;  tan sólo se ha realizado una breve introducción y una miniexplicación a la aparición del culto mariano y la “desaparición” del culto a la Madre-Tierra o Magna-Mater. Pero de negrura, nada de nada.

        La breve introducción puede considerarse como un punto de partida para comprender la aparición del culto a la Virgen María. Podrá estar mejor o peor enfocado, mejor o peor realizado, mejor o peor expresado canónicamente. Eso, para los más creyentes debe darles un poco lo mismo. Los feligreses católicos deben tener siempre presente lo que ha enseñado y enseña la Iglesia Católica. Para los demás, esta introducción puede servirles para comprender el trasfondo arquetípico que subsiste en el culto mariano. Para los más escépticos, quizás pueda serles más comprensible el enfoque sincrético para que capten la sacralidad de estos argumentos. Yo, haciendo uso de mi condición eclesiástica, me atrevería a recordaros las palabras dichas por el papa Juan Pablo II en 1984: “La Iglesia ayudará a todos los creyentes a respetar y a tener en gran estima los valores, tradiciones y convicciones de los otros creyentes… Siendo consecuentes con la propia fe, también es posible compartir, comparar y enriquecer las experiencias espirituales así como los caminos que llevan al encuentro con Dios.” Ese encuentre con Dios aludido por el papa puede darse en cada uno de nosotros con nuestro propio Dios, con nuestra propia creencia más interna e intensa, con nuestro propio significado final de nuestra vida, con lo más profundo de nuestro ser, siempre que ese dios profundo y faro de nuestra vida nos ayude a comprender a todos los demás que tienen un dios diferente al nuestro.
Juan Pablo II. Iglesia de Santa Eufemia. Ourense
Pero tanto unos como otros, creo que deberían tener claro que el culto mariano, mejor dicho, el culto a una divinidad femenina, es muy anterior al culto a Jesús como Hijo de Dios, con la correspondiente y consiguiente aparición del cristianismo.

Como ha quedado manifestado anteriormente, el culto a la tierra o Madre-Tierra se produce como consecuencia de las creencias antiguas acerca de la creación de la vida, de la similitud entre el parto de la mujer cuando nace un nuevo ser humano y la fertilidad de la tierra cuando produce los productos necesarios para la subsistencia del mismo. Ese binomio formado por una madre y por la tierra es el que crea esa divinidad Madre-Tierra adorada por todas las culturas desde que la humanidad es la humanidad, y cuando toma conciencia de la vida, la muerte y la regeneración de la tierra.

            Las culturas antepasadas neolíticas agricultoras encontraron una total analogía entre la fertilidad de la mujer y la de la madre naturaleza. Establecieron la identificación de la vida de la naturaleza con la vida femenina y sus funciones; ambas tenían las mismas funciones con respecto a dar la vida. La madre de familia y la madre naturaleza cumplen funciones equivalentes. Y así ocurre que la Madre-Tierra o Diosa-Madre se encuentre en los orígenes de todas las mitologías, incluidas las griegas y las del pueblo judío. En la raíz de todos los mitos históricos estuvo la creencia de una divinidad femenina: diosa que reunía los poderes fecundantes y fertilizantes de la naturaleza.

            La aparición y expansión del cristianismo trató de anular o de exterminar ese culto a la Madre-Tierra o Diosa-Tierra. Cuando tuvo conciencia que le era imposible su erradicación total, comenzó con un proceso sincrético para asimilar y transformar ese culto ancestral y considerado pagano en otro tipo de culto adaptado a las nuevas creencias que deberían regir a partir de ese momento.

            Isis, Artemisa, Diana, Kali, Cibeles, Démeter, Proserpina, Inanna, Isthar, Astarté, Tanit, Belisana. Todos ellos son nombres de diosas relacionadas con la Magna-Mater o Diosa-Tierra de diferentes culturas ancestrales, tales como la fenicia, la púnica, la egipcia o la celta. De algunas de ellas podremos tener más o menos conocimiento de su existencia pero muy pocos son los que las asocian a cultos de la Madre-Tierra, y muchos menos los que las asocian a la propia Madre-Tierra que engendran y dan a luz “niños divinos”; tal es el caso de la Isis egipcia, que da a luz a su hijo Horus incluso después de la muerte de su esposo Osiris, asesinado por su hermano Set.


Representaciones de Isis

            Y ahora os preguntaréis: ¿es posible que la Virgen María sea la misma imagen que Venus, Afrodita o que Cibeles, Hathor, Isthar y las otras divinidades? (No hace falta decir que dar una relación de todas las diosas de la antigüedad relacionadas con la Madre Tierra, y la época y función religiosa que cumplieron durante su adoración, no se adapta a la finalidad de este trabajo).

            Está claro que ningún buen católico se arrodillaría ante la imagen de cualquiera de las divinidades nombradas anteriormente, no ya por el tiempo y la época de unas y de otro sino por su significado religioso y dogmático. Sin embargo, todos los temas míticos atribuidos ahora dogmáticamente a María como ser humano histórico pertenecen (y pertenecieron en la época y lugar del desarrollo de su culto) a aquella Diosa-Madre de todos los seres, de quién tanto María como las otras eran manifestaciones locales: la madre-esposa del dios muerto y resucitado, cuyas primeras representaciones conocidas ahora se deben situar, como mínimo, hacia el año 5500 a.d.C. Es recomendable recordar las palabras que la diosa Isis (tampoco es tema para describir los hechos y acontecimientos relacionados con esta diosa egipcia) dirigió a su “iniciado” Apuleyo hacia el año 150 a.d.C.: ”Yo soy la madre natural de todas las cosas, señora y guía de todos los elementos, progenie primera de los mundos, la primera entre las potencias divinas, reina del infierno, señora de los que moran en los cielos, en mis rasgos se conjugan los de todos los dioses y diosas. Dispongo a mi voluntad de los planetas del cielo, de los saludables vientos de los mares, y de los luctuosos silencios del mundo infernal …. Mi divinidad es adorada en el mundo entero bajo diversas formas, con distintos ritos y por nombres sin cuento.

            Releyendo detalladamente estas palabras podemos hallar ciertas similitudes (salvando las distancias) con las letanías que actualmente se rezan el rosario “oficial” o canónico de la Iglesia Católica, lo que podría avalar ese sincretismo anteriormente aludido y poco cuestionado.

Izquierda: Isis. Derecha: Virgen María
           
De ese sincretismo también hablamos ya anteriormente. Cualquiera que sea creyente, ateo, agnóstico o de cualquier otra ideología religiosa lo entiende perfectamente. Pero el tema a tratar no es explicarlo, justificarlo ni desarrollarlo; tan sólo es enlazar las divinidades antiguas de la Madre-Tierra con la Madre de Jesús, la Virgen María, la Theotokos de Éfeso.

            A partir del concilio en esa ciudad y el Concilio de Calcedonia (451), el culto a María, amparado en la “legalidad sincrética”, fue poco a poco asimilado por toda la población, aunque ésta nunca dejaría de asimilar la naturaleza y “lo femenino” con la tierra y, más concretamente, con el color de la tierra fértil: negra, oscura.

            Su avance entre la población no estuvo exento de altibajos, teniendo especial relevancia el siglo VIII, con el reinado de Carlomagno, cuando éste decidió sustituir o frenar su culto para centrarse fundamentalmente en el culto a Jesús; se trató de frenar cualquier vestigio de su adoración y divinidad,  poniendo el foco exclusivamente en la figura de Jesús como Hijo de Dios. Carlomagno eliminó o prohibió cualquier representación de la Virgen María, aduciendo que tales figuras representaban divinidades creadas por el ser humano, no por Dios. Hubo que esperar a la época cisterciense, con San Bernardo de Claraval a la cabeza, para el resurgimiento, florecimiento y asentamiento del culto mariano.

                Carlomagno

            Ese resurgimiento coincide en el tiempo en un momento históricamente cercano al Milenio, donde confluyen la tradición celta cristianizada, la cristiano visigoda y las romanas oriental y occidental. A ello se unió la aparición de las órdenes monásticas, siendo los anteriormente citados cistercienses una de las más importantes. Fue el resurgir de una tradición, de un culto, el resurgir de María, Nuestra Señora, Notre Dame.

            A San Bernardo de Claraval se le conoce como el “Doctor Mariano”. Se adelantó a su tiempo al considerar a la Virgen María como medianera de todas las gracias y poderosa intercesora nuestra ante su Hijo. A él se le deben las últimas palabras de la Salve: ¡Oh Clementísima!, ¡Oh Piadosa!, ¡Oh Dulce Virgen María! También él fue el que utilizó las frases del Apocalipsis para referirse y designar la Virgen María: “Una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y la corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Apocalipsis 12,1) (¿Os habéis fijado en cualquier representación escultórica o pictórica de la Inmaculada Concepción? ¿Lleva corona de doce estrellas y una media luna a los pies?) Pero como contradicción, siendo San Bernardo tan devoto de María, no aceptaba la creencia ya extendida en su tiempo de la Concepción Inmaculada de María. Él siempre declararía que su opinión al respecto la sometía a la autoridad de la Iglesia[1].

San Bernardo de Claraval
            Aun así, nunca se olvidó por completo a la Madre-Tierra, y en aquellos lugares donde hubo un santuario dedicado a la Madre-Tierra, se instaló un santuario a la Virgen, pero con una nueva particularidad: la Virgen a la que se comenzaba a venerar era una Virgen negra, en clara alusión al color oscuro de la tierra. Pero la negrura de su tez no representaba sólo y exclusivamente la  tierra, sino también evocaba a grutas, cavernas, criptas,  etc.; en definitiva, el seno de la tierra en el que la vida se elabora en lo negro, que a su vez nos remite inmediatamente al seno materno. Nuevamente aparece  la  relación de la Madre-Tierra con todo el misterio de la vida, la gestación del  trigo en la tierra, la gestación del embrión en el vientre de  la madre. En lo profundo del  cuerpo materno se esconde la luz del mundo. Fertilidad, fecundidad.



[1] San Bernardo también fue un fervor defensor de la Orden del Temple, cuyos freires también llamaban Nuestra Señora a la Virgen María. Numerosas catedrales, iglesias y ermitas están o estuvieron bajo la advocación de dicha Notre Dame; hay quien incluso atribuye el título de Notre Dame al culto a María Magdalena en vez de a la Virgen María por parte de los templarios. Dichos freires difundían el culto a María Magdalena como madre del linaje de Jesús, pues éste, según los templarios, habría tenido descendencia. Tampoco es un asunto a tratar en este minitrabajo, toda vez que todo lo relacionado con el Temple acerca de este tema deberíamos tratarlo con la máxima prudencia y discreción ya que, con la desaparición de los mismos, desapareció casi toda la documentación sobre ellos, y lo que ha llegado a nosotros está todo basado más en conocimientos y transmisiones orales que escritos.




lunes, 15 de julio de 2019

VÍRGENES NEGRAS (I)



            ¿Por dónde empiezo sabiendo quién soy y lo que soy?

            Siendo sincero, desde hace bastante tiempo tenía ganas de hablar acerca de este tema tan escabroso para mi condición y profesión, pero tan desconocido y a la vez tan misterioso, atrayente y vetado para la mayoría de los cristianos; no así para los gnósticos y ateos, que lo suelen utilizar como arma arrojadiza contra todos aquellos que no tienen sus mismas creencias (si es que tienen alguna, pensaréis más de uno, pero que realmente las tiene por su propia condición de ser humano).

            Es un tema escabroso porque puede resultar inmoral para las personas como yo pertenecientes al clero o a la Iglesia Católica, y misterioso, atrayente y vetado para la mayoría porque podría poner de manifiesto lo que algunos ya pensaban de la Iglesia Católica y la religión católica. Aún así, lo considero un tema más atrayente y misterioso que escabroso; de ahí el hacerlo aún a sabiendas de lo que realmente puede suceder. El espíritu crítico de cada uno debería prevalecer sobre la opinión a ciegas, aquella que se defiende a capa y espada sin tener un conocimiento real y claro acerca del cual se manifiesta.

            En los últimos tiempos, y más especialmente hoy día, la fe en lo sobrenatural se considera una creencia primitiva, arcaica, desfasada y, en el mejor de los casos, una creencia patética, nacida de una neurosis y de una inseguridad personal y emocional; de ahí esa campaña actual contra cualquier manifestación religiosa de todo tipo e ideología. Imagineros o pasos de Semana Santa son considerados muñecos o muñecos lujosos que le abren la puerta a la crítica barata, demagoga y sucia contra la Iglesia Católica, sus posesiones arquitectónicas, sus dispendios económicos en ajuares y ropajes, y la nula ayuda a refugiados, inmigrantes y personas sin hogar (según argumentan ellos con el mayor inquinamento posible).

            Sin embargo, aunque es fácil rechazar las creencias de los demás por irracionales o equivocadas (en el mejor de los casos), es raro no sostener absolutamente ninguna opinión personal acerca delo que subyace a nuestra existencia. La variedad de teorías y divinidades a las saque se atribuye el enigma de la vida es interminable, y ha suscitado algunos de los conflictos más candentes de la historia, entre ellos la religiosidad natural de la humanidad: la necesidad de mantenerse en contacto con una fuerza superior cuya presencia puede ser invocada, aplacada o desafiada, y que, si las respuestas humanas son apropiadas, pueden influir en la vida de los creyentes. La creencia en los divino es sencillamente una proyección de la necesidad humana de creer en la existencia de la algún plan u orden deliberado. Se esgrimen argumentos persuasivos para autoconvencerse, por encima de cualquier duda o escepticismo, sobre la realidad de su fe. Cualesquiera que sean las convicciones personales de un individuo, no se puede dudar de la influencia que en él ejercen las numerosas creencias, tanto actuales como pasadas. De ahí que creer en algo, sea una diosa de la tierra o en un horóscopo mensual o semanal, sea considerado extraño, esté mal visto por aquellos que no tienen las mismas ideas (actitud muy propia del ser humano). Eso mismo les pasa a los ateos: creen en cualquier cosa que ellos consideran vital o motor de su vida, pero rechazan las creencias de los demás, sobre todo si esas creencias tienen algo que ver con la religiosidad, con Dios, la Virgen o cualquier otra divinidad relacionada con la Iglesia Católica.

            Pero el ser humano siempre ha sentido la necesidad de creer en algo; es inherente a su propia existencia, y para muchos creyentes católicos y, sobre todo, para los que se sienten ajenos al dogma, cada día es más necesario complementar su fe y sus creencias y conocimientos con lo que aporta la antropología en sus diversas facetas.

            Y quizás esté aquí, en la antropología, el punto de partida necesario y casi obligado para comenzar a entender el “conflictivo” mundo de las Vírgenes Negras.

            En los albores de la prehistoria, el hombre era el encargado de la caza y de conseguir el alimento para su subsistencia, mientras que la mujer era la encargada de la recolección. Ello hacía que fueran personas nómadas, sin un sitio fijo donde establecerse, buscando tanto caza como recolección en distintos lugares y emplazamientos. Con la llegada de la “revolución neolítica” o “revolución agrícola” apareció la agricultura, potenciando la tradicional tarea de la mujer, ya que era ella la que seguía recolectando todo lo sembrado, lo que acarreó una nueva valoración del elemento femenino dentro de esa comunidad que dejó de ser nómada para irse estableciendo poco a poco en lugares definidos y determinados. Hasta entonces, no se reconocía una relación entre el hecho de engendrar (germinar la semilla dentro de la tierra) y dar a luz (engendrar un nuevo ser humano en el seno interno de la mujer).

Mujeres en la prehistoria.
Cueva de Cogul. Comarca de las Garrigas. Lérida

            La agricultura y su estrecha relación con el sol, la luna y la tierra propiamente dicha pasaron a ser su referente de subsistencia. La necesidad de creer en algo les condujo a rendir cuentas y culto al día y la noche, al sol y a la luna, por ser los astros que dirigían el culto de la vida más cercana a la naturaleza, de la vida diaria y su propia subsistencia. La tierra era el punto inferior de sus creencias, mientras que el sol y la luna se encontraban en el superior. Pero la relación era muy estrecha. La tierra era la creadora de la vida, la dadora de los alimentos que permitía la supervivencia humana. En ella se sucedían los fenómenos naturales en los que el hombre basaba sus creencias. Tormentas, terremotos, vientos, mareas; todo se debía a la tierra, semilla de la existencia. La tierra primigenia era fecundada por el sol para convertirse en fuente de toda vida. La tierra se convertía en lo femenino, mientras que el sol era lo masculino. La naturaleza y el universo nacían siempre del encuentro y la síntesis de un principio masculino y otro femenino. Se comenzó a relacionar las fuerzas fecundas de la tierra y las de la mujer, lo que desembocó en el culto a la Madre Tierra, la Magna Mater, la Gran Madre, la primera divinidad que englobaba todo el universo humano.

            A partir de ese momento, el hombre comenzó su adoración a esa Gran Madre Tierra, celebrando ritos y acontecimientos relacionados con el fertilidad, las cosechas, la salud, la familia; todo lo relacionado con la vida del hombre en la tierra, como miembro de una sociedad o ente familiar. Agradecía a la Madre Tierra su generosidad y su poder regenerador, rindiéndole culto en santuarios rurales que se fueron diseminando por toda Europa. Se divinizó a la Madre Tierra como dadora de vida y de muerte. Su culto era esencialmente femenino, y las antiguas culturas así lo fueron reflejando, creando sus propias creencias y religiones tan afines al ser humano y su propia existencia.


Diosas Madre

            No fue hasta la ulterior expansión del cristianismo cuando ese culto femenino fue definitivamente sustituido por el masculino. La creación y la llegada del cristianismo lo cambio todo. Ahora se trataba de adorar a Dios, encarnado en la figura de Jesús Mesías. Con el cristianismo, el culto masculino se convierte en el redentor del hombre, pero el culto a la Diosa Madre no pudo, ni ha podido ser desarraigado del seno de la humanidad.

            Los primeros cristianos fueron conscientes de la resistencia por parte de los fieles de la Diosa Madre a aceptar los fundamentos de un dios único propugnado por un cristianismo ya jerarquizado a imagen y semejanza del imperio romano. Por ello tuvieron que conciliar el naciente cristianismo con esas religiones arcaicas basadas en divinidades femeninas. Tuvieron que dar forma a una nueva divinidad femenina que se asimilara a la Diosa Madre de los ritos antiguos y que concentrara en una misma imagen los poderes ancestrales y las nuevas revelaciones cristianas. Los padres del cristianismo observaros que, aunque la población comenzaba a creer en el Mesías, no abandonaban sus ritos anteriores y ancestrales. La solución que dieron para erradicar estas creencias tan arraigadas fue cambiar los nombres de sus dioses por santos, y sustituir las festividades ligadas a acontecimientos de la naturaleza por hechos cristianos, adaptando algunos de los símbolos o mitos que se venían venerando desde hacía siglos. Realmente lo que hicieron los padres del cristianismo fue sincretizar, es decir, juntar o unir dos tendencias o corrientes: la antigua, matriarcal, con divinidad femenina en la Madre Tierra, y la otra actual, patriarcal, con la figura de Jesús Mesías. En sus orígenes, la palabra sincretizar procede de la palabra synkretizein, que significa aliarse contra un enemigo común, palabra muy apropiada para describir ese proceso “usurpador” (¡menuda palabra para quién escribe!) del cristianismo hacia religiones ancestrales ya existentes, pero paganas a los ojos de la nueva religión naciente.

            A partir de este punto surge una pregunta cuya contestación aclara perfectamente este proceso sincretizador y nos coloca en un nuevo punto de partida para comprender los inicios de la divinización de María, madre de Jesús y su conversión en la Virgen María: ¿sabían los primeros cristianos quién era la madre de Jesús o cuando el cristianismo se oficializó y se fusionó con el paganismo tuvieron que darle una continuidad al culto a la Magna Mater o Madre Tierra que por los años del siglo II estaba muy de moda en el imperio romano? Sólo cuando el cristianismo optó por su “paganización” como única alternativa para conseguir prosélitos entre los “gentiles europeos”, el culto a la Virgen comenzó a tomar realmente auge. No podemos olvidar las palabras de San Pablo a los gálatas hacia el año 52 d.C.: “… envió Dios a su hijo, formado de una mujer y sujeto a la ley”, por lo que por aquellos años se la consideraba más bien una mujer corriente que había dado a luz a un hijo extraordinario. El estado virginal de María, por esas fechas, no parecía que suscitara gran interés entre los primeros cristianos, y así se pone de manifiesto en el Nuevo Testamento, ya que en este libro canónico no aparecen muchas referencias a la Virgen María. Nada se conoce sobre su vida, excepto los momentos de máxima integración con Cristo: escenas de la infancia, crucifixión, resurrección y Pentecostés. Lo relativo a su familia, su infancia, las circunstancias y pormenores de su matrimonio, su vida durante el apostolado de Cristo, sus últimos años y su muerte son hechos que interesan al pueblo y que sin embargo son silenciados por los textos canónicos (no así por algunos textos apócrifos). Tampoco se especifica en estos textos nada sobre su función teológica o la necesidad de su culto, aspectos que interesan esencialmente a la Iglesia, ya que la figura de la Virgen María ha sido a menudo el blanco de las críticas más exacerbadas al cristianismo (léase dogma de la concepción virginal de María, entre otros).

            Esas críticas comenzaron bien pronto a tener presencia en el cristianismo, prácticamente al unísono se su implantación, desarrollo y expansión. En el siglo IV, durante la expansión y difusión del cristianismo, en vez de encarnar el culto en una Diosa Tierra o Diosa Madre, lo encarnaba en la Virgen María, una mujer a la que hacen ocupar un lugar inferior en el panteón, mientras que la divinidad se le conceden a su Hijo: Madre Virgen de un hijo divino que sustituye a la Diosa Virgen. Los aspectos divinos del Diosa Madre atribuidos a la madre de Jesús, divinizando así la figura de María, fue el motivo de la oposición mostrada por un sector del clero a esta falsificación. Nestorio fue su principal impulsor por aquellos años.

            Nestorio, un monje antioquiano, fue nombrado patriarca de Constantinopla a principios del siglo V. De él se decía que tenía una gran elocuencia y un enorme poder de persuasión de las masas. Fue por ello por lo que el influjo de su predicación tuviera gran relevancia y calara en una significativa parte de la población constantinopolitana. Entre los años 428 y 431 se opuso y se enfrentó a la jerarquía de la incipiente Iglesia, sugiriendo que María era sólo la madre de la naturaleza humana de Jesús, pero no su naturaleza divina; es decir, la Virgen María era madre de Cristo (Christotokos), pero no madre de Dios (Theotokos). Obviamente, tanto el papa que dirigía los designios de la Iglesia por aquellos años, Celestino I, como Cirilo, el patriarca de Alejandría, condenaron la teoría nestoriana como herética.

Nestorio

            El emperador Teodosio II intentó calmar la situación convocando un concilio en la ciudad de Éfeso en el año 431, el concilio de Éfeso. En ese concilio se debía decidir sobre la naturaleza de María: Madre de Dios (Theotokos) o madre de la naturaleza de Cristo (Christotokos). El acuerdo al que llegaron todos aquellos que participaron en dicho concilio fue declarar a María como Theotokos, Madre de Dios, y no como madre de Cristo, haciendo especial hincapié en la naturaleza divina de Cristo. Al mismo tiempo, los argumentos de Nestorio fueron condenados como heréticos. Nestorio fue depuesto de su cargo y condenado al destierro, pasando los últimos años de su vida en Egipto. A partir de ese concilio comenzó una sangrienta persecución de los veneradores de la Madre Tierra, sus seguidores, sacerdotisas y sacerdotes fueron masacrados sin piedad por los fanáticos del cristianismo, sus templos despojados y destruidos.

Concilio de Éfeso

            Posteriormente, en año 451, se celebró un nuevo concilio en Calcedonia, el concilio de Calcedonia, donde tan sólo tuvieron que refrendar todo lo acordado en Éfeso: la madre de Jesús era la Theotokos, la Madre de Dios, ya que dio a luz a Jesús, que era totalmente divino y humano. Desde ese momento, María ha sido honrada como la “Madre de Dios” por los católicos, ortodoxos y la mayor parte de los protestantes, expresando oficialmente el dogma de la Maternidad Divina.

          ¡Hasta pronto!



viernes, 31 de mayo de 2019

GALERÍAS PORTICADAS


          ¡Hombreeeeeeee! ¡Cuánto tiempo! ¡¿Qué tal os va?! ¡Madre mía! ¡Cómo pasa el tiempo! ¡¿Qué es de vosotros?! Ya sois casi unos hombres y mujeres. ¡Cómo habéis cambiado! Recuerdo lo pequeñitos que erais cuando comenzamos los “tostones románicos”, como a vosotros os gustaba llamarlos. ¡Qué caras poníais el principio y que caras de sueño teníais al final del tostón! Pero ahora, …, ahora hacéis otras cosas y tenéis otras prioridades propias de la edad, como las que teníais antes, también propias de la edad. Ahora salís con vuestras parejitas, quién las tenga, vais a tomar unos refrescos de gaseosa, hacéis limoná en las casas que os dejan, bailáis esa música nueva (ye-yé creo que le decís) que ponéis en los comediscos o tocadiscos, y cuando se juntan un rato Los Quijotes en el casino, vais a bailar las canciones de antaño que versionan, que también son bonitas y, además, os gustan, sobre todo las que son más lentas, las “agarrás”, para bailar con las novias y novios con cuidado de no pasaros, ya que sus padres miran fijamente mordiéndose los labios. Todo ello después de discutir o camelaros a Carrera, que no os deja pasar porque esos bailes “no son para vosotros y, además, no sois socios del casino”.

         Si antes vuestra función era jugar en la calle, o en el paseo, o ir a las Zorreras en bici, ahora vuestra edad os dice que tenéis que daros a conocer, que tenéis que buscar vuestro sitio en el pueblo; en definitiva, que tenéis que hacer cosas tanto para vosotros mismos como de “cara a la galería”.

         ¡Ah! ¡Por cierto!, hablando de galerías, ¿queréis que esta tarde nos juntemos un ratillo y os hablo, mejor dicho, os tostoneo románicamente con otro nuevo tema? Es un tema que os puede gustar bastante, ya que trata de una característica arquitectónica del románico que es propia y exclusiva de España. Sólo se dio en España. Son las galerías porticadas, esos pórticos que hay en algunas iglesias románicas que se tienen que traspasar o atravesar antes de pasar a ellas. ¡Si supierais lo fresquito que se está en algunas de ellas!, aunque realmente, una de las funciones que tenían era la de cobijarse del frío y de la lluvia. Si ahora se está fresquito en ellas, imaginaos qué frío no haría fuera si nuestros antepasados las utilizaban para resguardarse de él. ¡Cómo han cambiado las cosas! En fin, es el progreso, que dicen algunos.

         Bueno, ¿quedamos entonces donde siempre para recordar viejos tiempo y tostonearos un rato? ¿Sí? De acuerdo, allí nos vemos. ¡No faltéis, ¿eh?!

         ¡Vaya! Veo que no falta nadie. Eso es que os gustan los tostones románicos. ¡Así me gusta! Fieles a sí mismos.

         Bien. Vamos a comenzar con las galerías porticadas.

         Como os decía antes, las galerías porticadas son una aportación netamente hispana al románico internacional; es un elemento que no se encuentra fuera de nuestro país, y lo que hay o hubiera fuera, poco tiene que ver con este elemento arquitectónico de las iglesias románicas hispanas. Los modelos de galerías porticadas que hay en el románico internacional parecen proceder más del uso que las comunidades hacían de él en función de sus necesidades, que de un modelo prefijado y establecido como ocurrió en nuestro país.

         La tradición del pórtico adosado viene de lejos, tanto que incluso puede tener sus raíces en las basílicas romanas. En ellas había una zona denominada “atrio”. Era un espacio abierto, situado en el entorno jurisdiccional del templo (importante esto para fijarnos posteriormente en una de las funciones de las galerías porticadas), y, a menudo, delimitado por un muro que podría estar amojonado (otra palabra para el cubo de la Guada) con cruces y estelas. Era una especie de antesala señalada por mojones, especie de postes o piezas cilíndricas de piedra o madera (como las piedras altas casi triangulares que vemos, cada vez menos, en carreteras comarcales indicando el kilómetro en el que nos encontramos); una especie de recinto semisagrado. Las galerías porticadas no son realmente un atrio, aunque pudieron compartir muchas de sus funciones, tanto por su cercanía al templo como su carácter monumental.

Atrio de la Basílica de San Pedro en la antigüedad

         La razón de ser de las galerías porticadas en nuestro país bien pudo estar en consonancia con la liturgia hispanovisigoda, anterior a la liturgia carolingio-romana o romana a secas. En la hispanovisigoda, vigente en los reinos cristianos y comunidades mozárabes hasta que forzosamente fue sustituida por la romana, tenía la particularidad de jerarquizar completamente la ubicación de los asistentes a la iglesia durante la misa u oficio a celebrar. Fieles, diáconos, presbíteros y sacerdotes ocupaban espacios separados y delimitados por canceles, además de participar de forma desigual en las diferentes fases del ceremonial litúrgico. Los fieles, al inicio, no podían presenciar el sagrado misterio de la consagración, por lo que debían haber una separación entre éstos y aquellos. Ello se puede apreciar aún hoy día en los edificios visigóticos que aún se conservan, en los que se acusa esa separación de espacios de época.

         Fuera del recinto de las iglesias se establecían espacios semisagrados, pero adosados al templo, y semiprofanos, externos a él, reservados para la espera de ciertos colectivos de personas que no tenían permiso para entrar a misa o al oficio a celebrar, o que solo podían hacerlo en ciertas fases de la misa, como comentábamos antes. Los penitentes era uno de esos grupos de personas de condición impura que debían humillarse públicamente durante un determinado espacio de tiempo, cumpliendo un plazo para poder formar parte de nuevo de la feligresía. Acudían a la iglesia, pero permanecían fuera de ella. Esta pudo ser la razón por la que se construyeran nártex y galerías en las iglesias visigóticas, como la de San Salvador de Valdedios en Asturias. Esta iglesia prerrománica, mandada construir por Alfonso III el Magno en el año 900, ya contaba (y cuenta) con un pórtico lateral en la panda sur.

Pórtico de San Salvador de Valdedios. Asturias.

         Quizás los pórticos de las iglesias prerrománicas hispanas fueron el punto de partida para el estudio de las galerías porticadas, admitiendo unas evidentes diferencias. Así lo podemos constatar con la galería meridional de San Miguel de Escalada, en Santiago de Peñalba (León), la cual adelanta algunas de las características definitorias de los ejemplares construidos entre los siglos XI y XIII: uso cementerial, disposición y ubicación de la arcada y, sobre todo, su carácter abierto.

San Miguel de Escalada. Santiago de Peñalba. León

         En el medio rural, las pequeñas y humildes parroquias de ese periodo prerrománico también disponían de humildes espacios techados unidos al templo, construidos con materiales pobres, como las vigas de madera, que la fragilidad primigenia del material y las constantes transformaciones seculares han causado su desaparición.

         Ahora me diréis que todo esto está muy bien, que los principios fueron buenos, pero realmente aún no hemos dicho ni definido qué es una galería porticada. Tenéis razón. Vamos a dar una definición lo más entendible posible de lo que es una galería porticada.

         Una galería porticada es una estructura arquitectónica a modo de corredor cubierto, adosada perimetralmente a algunas partes de la iglesia, normalmente a la panda sur y, en menos ocasiones, a la panda oeste. Está sostenida por arcos que apoyan en columnas y/o pilares, decorada con arquería semejante a la que acostumbramos a ver en los claustros. Es como si una sola crujía (otra palabrita para el cubo de la Guada) de un claustro la pusiéramos en la zona sur de una iglesia románica.

         ¿Y tiene que ser siempre en la parte sur de la iglesia?, os estaréis preguntando. Normalmente sí, ya que esa panda ozona de la iglesia es por donde se accedía al templo, pudiendo también hacerlo por la panda oeste (el fiel entra por donde se pone el sol para ir directamente hacia el este, por donde sale el sol, en dirección a Jerusalén, la ciudad santa) y, en mucha menor medida, por el norte. Esta última opción sólo se da en los casos que así lo demanda el terreno y la ubicación de la iglesia, además de cómo se ha desarrollado y evolucionado la población en función de esa ubicación primigenia de la iglesia.

         Luego la galería porticada se ubica siempre antecediendo al acceso principal de la iglesia, aspecto que puede ser considerado inicialmente como baladí, pero que resulta primordial para entender el papel simbólico que desempeña este espacio en el conjunto del templo, pues su relación con la portada hace que la vinculación entre portada y galería sea imposible desligar, al menos desde el punto de vista simbólico. Este profundo significado simbólico es el que le va a dar sentido a los diferentes usos a los que fue destinada la galería porticada.

Iglesia de San Pedro. Caracena. Soria

         A estas alturas de los tostones románicos que venís padeciendo por mi culpa, ya tenemos (o deberíamos tener) claro que en el mundo románico, la arquitectura es, o era, portadora de un profundo simbolismo, y sus formas y estructuras no obedecían a caprichos de maestros y comitentes de obra. Las galerías porticadas rompen esa querida simetría estructural del edificio románico. Si la torre románica encierra un profundo simbolismo de la anhelada reconciliación entre el cielo y la tierra, la galería porticada, por su parte, es la armónica transición entre el espacio sagrado del templo y el profano y mundano de la naturaleza que lo rodea; el paso de la “ciudad terrenal” a la “ciudad celestial”. Ya la propia configuración arquitectónica de la iglesia románica hace alusión a esos dos mundos, terrestre y celeste. El ábside semicircular hace referencia al mundo de Dios, al celestial, mientras que la nave cuadrada hace referencia al mundo del hombre, al terrenal. Lo mismo podríamos decir del arco románico por donde se accede, el arco de medio punto, donde las jambas de los derrames laterales y el espacio cuadrangular que definen portan un simbolismo temporal y terrenal, mientras que el nicho semicircular de la parte alta porta un simbolismo celestial, referido a la bóveda celeste. Por todo ello, el significado espiritual de la portada nos remite a la naturaleza Hombre-Dios: “Yo soy la puerta; el que por Mí entrara, se salvará” (Jn X, 7-9), dejó dicho Jesús en sus predicaciones.

         ¡Vaya hombre! ¡Ya me ha vuelto a salir la vena mística! Si luego os quejáis que os aburro, lleváis toda la razón, pero ¡es que no lo puedo evitar! Soy lo que soy y antes me sale la vena mística que la vena de tostonero. No lo puedo remediar ¡Qué le vamos hacer! Tengo muy mala edad para cambiar de la noche a la mañana.

         Bueno, no pasa nada. Vamos a continuar con nuestras galerías porticadas.

         Anteriormente definimos lo que era una galería porticada, además de indicar su ubicación en la iglesia románica. Su aparición tiene que ver, ¡cómo no! con la España que había allá por la Alta Edad Media, finales del siglo XI. España estaba dividida entre la parte cristiana, de la zona centro para el norte, y la musulmana, de esa misma zona centro para el sur. La zona centro era lo que se denominaba la Extremadura castellana, la zona fronteriza entre el cristianismo y el islam. A medida que se iban reconquistando tierras por parte cristiana, el arte románico también iba avanzando. Entró por la parte noreste de España (Cataluña y norte de Aragón) y se fue extendiendo hacia el sur al ritmo de la Reconquista, llegando a mediados del siglo XIII que comienza a despuntar el gótico y a desaparecer el románico. Luego es durante los siglos XI y XIII cuando las galerías porticadas tienen su mayor esplendor y difusión, comenzando a desaparecer a mediado-finales del siglo XIII.

         Si la galería porticada es una característica netamente hispana, que no se da en cualquier otro lugar de Europa, su distribución geográfica también es muy peculiar y particular. Las galerías porticadas sólo aparecen, se construyen y se desarrollan en una zona o parte muy específica de España. Esta parte es el espacio interior de un cuadrilátero imaginario cuyos vértices fueran Cuellar (Segovia), Segovia capital, Molina de Aragón (Guadalajara) y Soria capital, aunque la inmensa mayoría de las galerías porticadas se encuentran ubicadas dentro de las provincias de Segovia y Soria.



Mapa del románico porticado en España

         Las provincias de Soria y Segovia son las que más galerías porticadas conservan, seguida por Guadalajara. En Segovia, la capital y la vieja Comunidad de la Villa y Tierra de Sepúlveda concentran el mayor número de ellas. En Soria se conservan más en las aldeas próximas a San Esteban de Gormaz, mientras que en Guadalajara se conservan cerca de Sigüenza. Otro foco de galerías porticadas lo encontramos en la Sierra de la Demanda (Burgos), extendiéndose a La Rioja. También hay galerías porticadas o resto de las mismas en la provincia de Ávila, en la de Pamplona y en toda Cataluña, aunque con muchísima menos densidad; si acaso, una aquí, otra allá, como quién dice.

         El punto de partida de estas galerías porticadas también está muy focalizado, siendo éste aceptado por la casi totalidad de investigadores del románico y de las galerías porticadas. Se considera unánimemente que la primera galería porticada genuinamente románica es la de la iglesia soriana de San Miguel, en San Esteban de Gormaz (Soria). Ello se debe gracias a la fecha que hay grabada en un canecillo del pórtico. La inscripción es la siguiente: IVLIA/NUS MA/GISTER/FECIT/ERA/MC/XV/IIII (era 1119 – 38 = 1081) (sabéis por qué he restado 38, ¿no? Claro, para transformar los años de Era a años actuales). La fecha de construcción es de 1081. Su descubridor fue el investigador Ortego y Frías. Otros investigadores, como Álvarez Terán y González Tejerina sitúan su construcción en 1111, ya que ellos leen MC/XLV/IIII (era 1149 – 38 = 1111). El Proyecto Cultural Soria Románica confirmó la primera hipótesis de Ortego y Frías, por lo que la fecha de construcción de San Miguel en San Esteban de Gormaz data de 1081.

San Miguel. San Esteban de Gormáz. Soria

         ¿Recordáis que al comienzo de todo este tostón románico hablamos de San Salvador de Valdedios y de San Miguel de Escalada? ¿Sí? Pues todos los expertos también coinciden en percibir grandes similitudes entre las galerías porticadas de San Miguel de Escalada y San Miguel de San Esteban de Gormaz. ¿Recordáis también quién mandó edificar San Salvador de Valdedios? Exacto, Alfonso III el Magno. Pues este mismo rey es el que reconquista San Esteban de Gormaz, tanto la población como sus alrededores. Ya tenemos, una vez más, otra coincidencia histórico-arquitectónica. ¿Casualidad? ¿Coincidencia? ¿Realidad? Sí, más bien realidad histórica, propia de los convulsos tiempos de aquella época. Como veis todo encaja, todo tiene su encuadre, nada se queda por el camino. Todo tiene su explicación.

         San Miguel de Esteban de Gormaz (Soria) es la primera galería porticada románica construida en España en 1081. La segunda en antigüedad, también está muy documentada. Se trata de San Salvador de Sepúlveda (Segovia) en 1093, según reza una fecha grabada en su ábside. A partir de ambas iglesias románicas se desarrollaron todas las demás en la zona comentada anteriormente de Soria, Segovia y Guadalajara.

San Salvador. Sepúlveda. Segovia

         Bien, ya sabemos qué es una galería porticada, en qué zonas de España están más desarrolladas y cuáles fueron las primeras en construirse. Ahora veamos esa forma constructiva y las funciones que desarrollaron durante el tiempo que estuvieron “activas”, ya que, como todo en la vida, con el paso del tiempo y la inevitable evolución social, fueron perdiendo peso en la vida de las personas de la Edad Media.

         Una particularidad de las galerías porticadas románicas es su considerable uniformidad, además de convertirse en recintos adosados abiertos, transitables y multifuncionales al servicio tanto del templo como de los nacientes municipios. En todas ellas se accedía desde el exterior, como hemos comentado anteriormente, por una puerta que estaba inscrita en el centro de una arquería con arcos de medio punto (¿recordáis lo comentado anteriormente relacionado con la puerta y el arco de medio punto?) que solían variar en número según las dimensiones y la intención de la galería porticada. Relacionado con esto último, sobre el número de vanos o arcos de medio punto de las galerías porticadas, siempre se ha considerado que el “modelo ideal” eran siete vanos, aunque en la actualidad hay muy pocas con tal número de ellos. Sí es cierto que hay una preferencia en un número impar de vanos (no necesariamente siete), aunque realmente su número varía o viene impuesto tanto por las dimensiones de la nave como por los intereses o las pretensiones de los constructores. En Vizcaínos de la Sierra (Burgos) hay tan sólo tres vanos, mientras que en Carabias (Guadalajara) hay catorce. En esta última iglesia, la galería porticada recorre tanto la panda sur como la panda occidental; de ahí su elevado número de vanos. Muchos más podemos encontrar en la iglesia de San Millán en Segovia capital, que recorre las tres pandas libres de toda la iglesia, salvo la panda este, donde se encuentra el ábside.

San Salvador. Carabias. Guadalajara


San Salvador. Carabias. Guadalajara

San Millán. Segovia
        
En cuanto a su forma constructiva también hay diferencias significativas, sobre todo al comienzo de su aparición y su florecimiento y apogeo, diferencias acordes con la evolución social y con el paso del tiempo, del cambio en el modelo constructivo y el avance de la reconquista.

         En las dos primeras iglesias de las primigenias galerías porticadas, San Miguel de San Esteban de Gormaz y San Salvador de Sepúlveda, los arcos apoyan sobre columnas únicas no pareadas, en combinación con pilares. En estas dos galerías, las columnas tienen grandes basas y voluminosos capiteles que contrastan con la cortedad y robustez de los fustes. La escultura es muy primitiva, apareciendo personajes morunos en San Miguel que no aparecen en San Salvador. Esta forma constructiva no se extendió a otras poblaciones cercanas.

         Es en la segunda mitad del siglo XII y comienzos del XIII cuando se produce la máxima difusión del tardorrománico, gracias a la reactivación económica y política del Alfonso VIII. Se relanza la construcción de nuevas galerías románicas de forma masiva. Ahora, en este nuevo estilo de construcción, los arcos apoyan sobre altas y esbeltas columnas pareadas, y la escultura muestra iconografía bíblica, en especial, del Nuevo Testamento, destacando sobremanera el ciclo de la Natividad, además de un gran despliegue de animales, tanto reales como fantásticos: dragones, grifos, arpías, basiliscos, etc. Estos animales fantásticos debieron servir para dar forma al diablo, de una manera más elocuente que las palabras de un sacerdote. Hay que tener en cuenta, una vez más, que estas imágenes esculpidas en la galerías porticadas también cumplían la función catequético-religiosa para el campesinado rural. Imágenes de la Anunciación, Nacimiento y Epifanía servirían para ilustrar estos pasajes esperanzadores del Nuevo Testamento.

Adán y Eva. Capitel de la iglesia de San Salvador.
Sepúlveda. Segovia

         Con la salvedad de algunas iglesias con cierta entidad artística, como la de Rebolledo de la Torre (Burgos), las representaciones que pueblan capiteles, canecillos o molduras no integran elaborados programas iconográficos; al contrario, suelen ser escenas puntuales realizadas por escultores o talleres más o menos dotados, e incluso por simples canteros puntuales. Algunas representaciones, éstas con muchas reservas, podrían vincularse con la “psicomaquia” (otra palabrita para el cubo de la Guada), mostrada a través de luchas entre el hombre y la bestia irracional o entre caballeros, a menudo ataviados y caracterizados con elementos claramente identificativos, quizás en un intento de representar la lucha entre el cristiano y el infiel. También hay muchas escenas bíblicas muy reconocibles, como la Epifanía comentada anteriormente, la visita de las tres Marías al sepulcro, etc. Estos temas fueron populares en el Medievo, gracias en parte a los tropos y dramas litúrgicos que se representaban, curiosamente, en el ámbito de la iglesia: “Quem quaeritis”, “Ordo Stellae”, etc. En menor medida es posible hallar alusiones a la Maiestas Domini, al apostolado o a la crucifixión de Cristo. Escenas cotidianas propias de la sociedad del momento podrían completar toda la escultura representada en el entorno de las galerías porticadas románicas.

Caballeros luchando. Rebolledo de la Torre. Burgos

         ¡Vaya tostón curiosico que estamos dando hoy! ¿Eh? ¡Y aún no hemos terminado! Queda todavía ver las diferentes funciones sociales y religiosas que tenían las galerías porticadas.

         Aunque esto se está haciendo largo para todos, miedo me dá daros un respiro para descansar y volver dentro de un rato. Como os deje salir, no volvéis. Salís corriendo, mejor dicho, huyendo como alma que lleva el diablo, y no os vuelvo a ver el pelo como ya sucediera antes, cuando os encontré casi de casualidad e irreconocibles por el paso del tiempo. De modo que, aunque sea mucho lo que llevemos y lo que quede, me arriesgo a dormiros de nuevo. Pero eso es preferible a que no os vea más hasta dentro de un tiempo considerable, que todo se echa de menos, no creáis.

         De todas las funciones civico-religiosas que podía cumplir la galería porticada románica, la más trivial, por decirlo de alguna manera, era la climatológica. Y digo trivial porque podía ser además la menos lógica a tenor de la explicación que algunos estudiosos dan de ella. Estos autores o investigadores argumentan que las galerías porticadas fueron construidas en zonas de dura climatología, por lo que cabía la posibilidad de que fueran construidas para resguardarse del frío y de esas duras condiciones climatológicas. Eso puede tener su parte de verdad, pero hay que recordar que el románico llegó, y mucho antes que a la zona delimitada de mayor concentración de galerías porticadas, a zonas con temperaturas muy bajas, como los Pirineos o el norte de León. En esas zonas no se conserva ninguna galería porticada, aunque bien pudiera ser que sí se construyeran esas galerías para resguardarse del frío, pero las hicieran con materiales perecederos, provocando su total desaparición con el paso del tiempo, y que no quede ningún vestigio edificativo de ellas. De cualquier forma, esta función podría tener su punto de verdad teniendo también en cuenta que en la Alta Edad Media, la iglesia constituía el único edificio “sólido” y estable de una población o aldea. Era el edificio en el que resguardarse del clima cuando éste era duro y las cabañas o casas de madera y carrizo en las que habitaban sus gentes, no aguantaban esas duras climatologías: aguaceros intensos, vientos huracanados, nieve copiosa, etc.

         Cuando hablamos de las galerías porticadas como espacio “semiprofano” adosado al templo, ya se podían intuir algunas de sus funciones. Se hallan fuera del templo, pero amparadas por el radio jurisdiccional y religioso del mismo. Debido a ese carácter intermedio o “parasagrado”, se convirtió en un lugar idóneo para celebración de ciertos actos vinculados con la liturgia y, sobre todo, para la espera de todos aquellos que, o aún no formaban parte de la comunidad cristiana, o estaban sometidos al cumplimiento de una sanción o castigo para poder reintegrarse de nuevo en ella.

         El carácter ceremonioso y complicado de la liturgia medieval hizo necesario numerosos espacios para su correcto desarrollo, tal y como explicamos al inicio de esta charla-tostón románico. Por ello, no es de extrañar que los actos que se llevaran a cabo en el ámbito del pórtico fueran bastantes y muy diversos. Muchas de esas celebraciones, a buen seguro rutinario en la Edad Media y actualmente desaparecidas, hoy pasan inadvertidas para nosotros. Son celebraciones como la “entrega de la novia”, ordalías (otra palabrita para el cubo de la Guada) (sobre las ordalías sería conveniente hacer otro tostón románico, aunque vista la edad y, en algunos casos la poca relación que tienen con el románico, lo mismo nos las saltamos, y … ¡eso que os ahorráis!). Son prácticas que no se podían realizar dentro del propio templo pero sí en un lugar lo más cercano y vinculado a él.

         Otras prácticas todavía se conservan, aunque con la consiguiente y lógica modificación. Estas pueden ser las procesiones, siendo la procesión del Domingo de Ramos la más importante de las que se celebraban en aquellos románicos años. Subastas de andas, rendición de banderas, encendido del cirio de la vigilia pascual guardado junto a la pila bautismal cuando éste se extinguía eran otras de las celebraciones que podían tener lugar dentro de las galerías porticadas. “El sermón de la fe” era una alocución que se realizaba ante los infieles y que asumió como práctica propia el Tribunal del Santo Oficio, pero al ser la Inquisición posterior a los años centrales del románico no la podemos dar por buena para ese periodo en concreto. Lo que sí demuestra este acto es que las galerías porticadas estuvieron “funcionando” muchos años después de ser construidas, siendo uno de los espacios más importantes para los habitantes de esa aldea o pueblo medieval.

San Gil. Rejas de San Esteban. Soria

         Fue también el comienzo de este amplio y dormido tostón cuando hablamos y recordamos la funcionalidad y simbolismo de la puerta así como del arco de medio punto como forma constructiva para la misma. El pórtico también es un espacio de tránsito o espera, tanto de los condenados, castigados y apartados de la comunidad cristiana, como de los no cristianos, aquellos que aún no estaban bautizados. Estos últimos esperaban en el pórtico para ser recibidos por el sacerdote de la iglesia, el cuál realizaba inicialmente ciertos exorcismos antes de pasar a la iglesia propiamente dicha y comenzar con el sacramento del bautismo. Este sacramento se realizaba, como todos imagináis sin temor de equivocación, en la pila bautismal que normalmente y casi siempre se encontraba dentro de la iglesia y a los pies de ésta. Algunas galerías porticadas tienen dicha pila bautismal aunque no es lo normal en la liturgia cristiana. Esta ubicación podría no corresponderse a un uso histórico de dicho espacio, sino a una recolocación moderna de la pila, aunque debemos tener en cuenta que un no bautizado vive en pecado (pensamiento muy románico pero que para nada se ajusta a nuestra realidad actual; debemos contextualizar el tostón recibido) y, por ende, o puede cruzar el umbral del recinto sagrado. De ahí la ubicación a los pies de la iglesia de la pila bautismal, junto a la puerta de acceso, significando con ello que es el paso previo y requisito imprescindible para ingresar en la comunidad cristiana de fieles.

         Tanto si se era cristiano bautizado como no bautizado (cosa poco probable en aquellos años dada la influencia de la Iglesia sobre la población), todas las personas podían permanecer y estar en las galerías porticadas ya que no era un espacio sagrado sino “semisagrado”. A quienes más le convenían permanecer dentro de ellas era a los malhechores. La galería porticada se hallaba fuera del recinto sagrado, aunque dentro de las tierras patrimoniales del templo, en el denominado “dextrum” o tierra “ad cibarium” de inmunidad jurisdiccional, proporcionando asilo jurídico a aquellos que ingresaban en su interior. Era el único espacio posible de inmunidad judicial para poder permanecer a salvo de la justicia cuando la iglesia permanecía cerrada. Esa área circundante fue entendida como zona protegida del mal y los peligros, donde ningún hombre podía acometer a otro dentro de la iglesia, ni en los cementerios ni en lugares sagrados, en la circunferencia de cada iglesia. Los que allí se refugiaban podían moverse libremente dentro de la iglesia una distancia de treinta pasos, tal y como se indica en un canon conciliar visigodo, lo que demuestra la antiquísima funcionalidad de una galería porticada.

         También fue al principio de este tostón, cuando aún no roncabais, donde hablábamos de la jerarquización de espacios en las iglesias para laicos y sacerdotes. Unos no podían estar ni permanecer donde estaban y permanecían los otros. Esa diferenciación era también manifiesta con relación a su defunción y enterramiento. El templo era un lugar privilegiado y preferencial para la inhumación de los fieles, tratando éstos de ser enterrados lo más cerca posible del templo. Ello era fruto de la pronta y total consolidación de la religión cristiano en la Península Ibérica, lo que propició un indisoluble vínculo entre los lugares de enterramiento y el templo de culto. El resultado fue la unión de los lugares de inhumación al templo parroquial. El cementerio se encontraba al amparo del área de propiedad eclesial, con los beneficios que de ello se desprendía. El entorno de la iglesia terminó por convertirse en el lugar idóneo para el eterno descanso, llegando incluso a la invasión del templo con multitud de enterramientos.

          Tanto era el afán de los fieles de reposar en el suelo más sagrado, junto a los cuerpos de los mártires, que las autoridades eclesiásticas trataron de luchar contra esa práctica de enterramientos intramuros, sobre todo por higiene, salubridad y “ese olor espantoso”. Pero el pórtico, al ser un espacio abierto y con una ubicación privilegiada, era perfectamente compatible con la prohibición de enterramientos fuera del templo o iglesia intramuros. De este modo, las galerías porticadas pasaron a ser el espacio funerario apropiado y, a menudo, distinguido, es decir, el espacio en el que las élites sociales y religiosas gozaron de preferencia, debido a la proximidad física entre el difunto y la puerta del templo, simbólico acceso al paraíso.

         El uso funerario de las galerías porticadas románicas continuó muy vigente. La arqueología ha ratificado una y otra vez este hecho, pese a las escasas referencias documentales. Por desgracia, la mayoría de los pavimentos de las galerías porticadas han sido alterados o removidos, y rara vez podemos distinguir restos de lápidas funerarias que pudieron existir.

         Como podéis apreciar, las galerías porticadas tenían más de una función. No solamente se utilizaban para uso religioso sino también para uso o función civil, como la anteriormente comentada función de refugio o abrigo para el frio. Pero la función civil que más se extendió en las galerías porticadas fue la de reuniones de carácter laico. Estas reuniones no eran aceptadas por las autoridades laicas pero, haciendo caso omiso a dichas autoridades, pasaron a convertirse en habituales a finales del siglo XII.

         En la mayoría de las poblaciones, la plaza era el centro neurálgico, y el pórtico o galería porticada era el gran “scaenae frons”. Ambos espacios se convertían en el escenario perfecto entre lo civil y lo religioso en el que dirimir cuestiones o asuntos civiles, ya que dichas poblaciones no tenían otros espacios como éstos tan idóneos. Al estar la mayoría de ellas en la extremadura castellana (sur del río Duero y Sistema Central), y al ser un lugar techado que daba amparo para las lluvias, nevadas y vientos, allí podían realizarse funciones concejiles. Estas reuniones concejiles tenían la finalidad de tratar ciertos asuntos de sistemas de fueros y libertades otorgadas por los monarcas castellanos para favorecer la repoblación de esas tierras, consideradas de alto valor estratégico ente las amenazas del estado musulmán de Al-Ándalus. Actividades o reuniones mercantiles o de negocios también tenían lugar en las galerías porticadas, aunque en menor medida.

         Estas reuniones civiles se mantuvieron en vigor durante toda la Edad Media, aunque poco a poco fueron perdiendo importancia al irse construyendo en la población edificios específicos destinados para esas funciones civiles. Al mismo tiempo, las prohibiciones eclesiásticas se fueron haciendo cada vez más rigurosas, lo que provocó una separación más palpable entre las competencias civiles y religiosas, perdiendo las galerías porticadas gran parte de su sentido en la escena municipal.

         Dentro de estas funciones civiles indicadas anteriormente fue la de albergar pleitos entre los habitantes del concejo o del municipio, función o práctica muy extendida desde la antigüedad; dirimir los asuntos de justicia frente a las puertas de la ciudad, lugar donde se daban cita el pueblo y el tribunal. Esa puerta de la ciudad era la puerta de entrada al templo en la Edad Media, como también hemos comentado a lo largo de todo este tostón románico, teniendo en cuenta, una vez más, que estamos hablando de una sociedad construida sobre unas bases profundamente religiosas. Al ser un especio semiprofano, no dedicado plenamente al culto como el interior del santuario, la justicia encontraba en él su acomodo.

         Ese espacio semisagrado-semiprofano también daba pie a celebrar otro tipo de reuniones menos “serias” o más lúdicas o populares. Por ser edificios cubiertos, protegidos, orientados al mediodía y situados en el eje vertebral del pueblo, las galerías porticadas fueron lugares de reunión relacionadas con el recreo y el esparcimiento del pueblo. No es difícil ni extraño encontrarse “graffitis” con diferentes motivos y de diversas cronologías en los muros de las galerías porticadas. Uno de los más repetidos en sus diferentes versiones es el “quirkat”, tablero que se podía hallar en los basamentos de los intercolumnios, sobre todo en aquellas iglesias que aún conservan su basamento original.

Juegos en los basamentos. Iglesia de San Pedro. Perorrubio. Segovia.

         El quirkat es un juego de “mesa” que en Castilla se popularizó con el nombre del “alquerque”, y que en el siglo XIII Alfonso X el Sabio lo recogía y daba las normas para su desarrollo. Es un juego muy parecido a las tres en raya, el que todos conocéis y sabéis jugar de sobra. Lo normal era encontrarlo grabado en los basamentos de las galerías porticadas, aunque no es infrecuente encontrarlos en sillares dispuestos verticalmente en las paredes de los lienzos de las iglesias.

         Sí, ya sé. Me diréis que no se puede jugar a un juego de mesa con el tablero puesto de forma vertical. Lo sé, pero esa disposición obedece a una colocación de los constructores, que utilizaban esos sillares para su divertimento mientras construían la iglesia. Cuando no les hicieron falta, los utilizaron como sillar constructivo. Recordamos que posteriormente la iglesia era pintada de blanco tanto por fuera como por dentro, por lo que esos graffitis quedaban ocultos. También esa posición vertical de esos sillares grabados obedece a una recolocación posterior debido a una reutilización de sillares de otras iglesias o restauraciones posteriores de la misma. De cualquier manera, no es la forma de jugar a esos juegos; eso está claro.

         Aún así, tanto si es en vertical como en horizontal, no deja de ser sorprendente encontrar estos juegos en las galerías porticadas, pues la práctica de juegos así como de apuestas fuera de las tafurerías era ilegal. Tan sólo en ciertos días del año se gozaba de la exención de prohibición, principalmente en Navidad y su víspera.

         Si las galerías porticadas se podían utilizar para juegos que estaban relativamente prohibidos, no hay mucha constancia de hasta qué punto también se pudieron realizar representaciones teatrales en su interior. Parece claro que algunos dramas litúrgicos pudieron representarse, dado los temas esculpidos en algunos capiteles, como la Visitatio Sepulchri o la Epifanía antes los Magos. El hecho que proliferasen elementos de carácter profano en dichas representaciones o diálogos dramáticos ligados al culto pudo conducir a la total prohibición de estos actos en las galerías porticadas. Lo mismo sucedió con las actuaciones juglarescas, que estuvieron terminantemente prohibidas, ya que incluso los moralistas del Medievo calificaban dichos eventos como indignos y bochornosos, independientemente del lugar donde se celebraran.

         Pero como todo en la vida, a todo le llega su fin, y las galerías porticadas no fueron una excepción. Su decaimiento y desaparición fue paulatino y progresivo. El quebrantamiento entre función y símbolo fue lo que provocó la transformación o desaparición de la práctica totalidad de las galerías románicas. A ello hay que añadirle la dotación en los municipios de espacios públicos para usos civiles (casas de concejo) y funerarios (cementerios), despojando a las galerías porticadas de su sentido y  funciones primigenias. A partir de ahí, el lugar de referencia del municipio no va a ser la iglesia, por lo que las galerías porticadas van a mantener tan sólo su significado físico como protectora frente a las inclemencias meteorológicas.

         ¡Ay si solo fuera eso! Con su progresivo e imparable decaimiento llegaron incluso a convertirse en canteras para reaprovechar los materiales en ampliaciones de iglesias o construcción de nuevas. Incluso fueron tapiadas para dar más espacio a la iglesia por el aumento de la feligresía en el municipio. Ello se puede apreciar aún hoy día en capiteles empotrados entre los muros de iglesias o en diversas formas en sus lienzos que adivinan la silueta de una galería tabicada.

San Juan Bautista. Arganza. Soria.

San Juan Bautista. Arganza. Soria.

San Juan Bautista. Arganza. Soria.

         Esa galería tabicada, aun hoy en día, podría ser recuperada, si no en su totalidad, sí en parte, sobre todo si aún conserva parte de sus elementos constructivos. Aquellas galerías porticadas que fueron demolidas para reaprovechamiento de materiales, su recuperación es totalmente imposible, con todo el daño que supone para el patrimonio cultural de nuestro país.

         Hoy día se está tratando de recuperar este tipo de galerías porticadas tapiadas, aunque, como siempre, la falta de presupuesto económico es el mayor impedimento, casi también parejo a la concienciación de la población, a la que aún le falta comprensión y concienciación hacia estos monumentos históricos. Como construcción típica y única del románico español, alguien debería tratar de apoyar que la Unesco declarara a las galerías porticadas Patrimonio de la Humanidad, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién comienza? Esas son las dos primeras preguntas que cabría hacerse, darles una respuesta, y ponerse manos a la obra. Mientras tanto y  hasta entonces, no nos queda otra cosa que no sea esperar y confiar en quienes deben hacerlo Nosotros sólo somos unos aguantatostones románicos que tratamos de divulgarlo de la mejor forma posible. Esa es nuestra pequeña contribución, nuestro granito de arena, como suele decirse.

         ¡Hasta pronto!