martes, 7 de marzo de 2017

SIMBOLISMO ROMÁNICO (III)





Me voy para los salones de la sacristía que hoy comenzamos un nuevo “tostón” (ya me lo han “pegao” los “so judíos”) románico. De camino me los voy llevando “pal” redil, que, como siempre, les cuesta mucho entrar de primeras, pero luego he de reconocer que se portan muy bien. Son correctos, educados, respetuosos y lo mejor de todo, no roncan y no despiertan al de al lado, importante para mantener el silencio en el tostón y conseguir ese aura románica tan espiritual y necesaria en estas charletas.

         ¡Míralos! ¡Ahí los tenemos! ¡Con la edad que tienen y están jugando al trompo! ¡Cuánto tiempo hacía que no veía a unos chicos jugar al trompo! Las buenas costumbres vuelven siempre, aunque no sé si por buenas costumbres que son o por mera eliminación de nuevas costumbres que han cansado a todo el mundo por reiterativas y adictas. Con el trompo (aunque sea con un rejo de fragua) no creo que la adicción se convierta en un problema, porque si estos chicos respetan las costumbres, tradiciones y al refranero castellano y torralbeño, antes del día de los difuntos o día de los finaos (2 de noviembre) deberían de dejar de jugar con él, tal y como reza el refrán: “El día de los finaos, trompos y cuerdas a los tejaos”. Viendo la clase de chicos que son y tan fieles con las tradiciones y costumbres de Torralba no creo que fallen con ese refrán. Antes nunca se fallaba. No creo que ahora suceda otra cosa que no sea una rigurosa normalidad.

         Ahora sí. Ahora sí que vamos a hablar de todo ese significado positivo o negativo, benigno o maligno que tenían en el románico toda esa fauna (mayormente desconocida por la mayoría de las personas románicas de cualquier condición social) que quedó esculpida o pintada en iglesias y templos románicos. Debo advertir que lo que vamos a hacer es un breve compendio de animales, tanto terrestres, aves como acuáticos, y apuntar unas pequeñas notas sobre su simbolismo que influyen en modo decisivo en su representación. No se trata de profundizar en todos ellos y esclarecer totalmente su significado, máxime cuando éste puede ser uno y el contrario, sino de una breve introducción de cada uno de ellos, los más importantes y más representativos.

         Comenzamos.

ASNO: es un símbolo de paz, pobreza, paciencia y coraje. También simboliza la humildad, la ignorancia y la obstinación. De ahí que Jesús entrara en Jerusalem montado en un asno o burro para demostrar su obstinación y su humildad. Si se representa como flautista hace alusión al que hace sonar la flauta sin saber ni cómo ni por qué, aplicándole esta misma representación a la tradición del oficio sin conocer las razones profundas de ello. Representado con un arpa alude a lo mismo que con la flauta; hace música sin saber ni cómo ni por qué. Como connotación negativa, en el Antiguo Egipto, el asno rojo era una de las criaturas más peligrosas del inframundo, motivo por el cual ocasionalmente puede identificarse con la bestia escarlata mencionada en el Apocalipsis.

Asno. Canecillo en Santa María de Estíbaliz. Álava.

CABRA: posee una gran facilidad para introducirse por las rutas más inaccesibles y trepar a los riscos más escarpados. Símbolo de sabiduría pues la cabra, al igual que el hombre sabio hace de su pensamiento, es capaz de llegar a los lugares más altos y ver más lejos que nadie. Es también un animal asociado al trueno y su cornamenta imagen asociativa del rayo.


Cabra. Canecillo en San Prudencio de Armentia. Álava.

CAMELLO/DROMEDARIO: asociado a historias bíblicas por su capacidad de sobrevivir varios días sin tomar alimento o bebida alguna; de ahí que suela interpretarse como de sobriedad y de templanza. Asociado, así mismo, a los Reyes Magos que llegaron montados en ellos para adorar al Niño. San Isidoro le atribuye el valor de la humildad por arrodillarse al recibir carga. Símbolo de perseverancia y fidelidad.

Dromedario. San Baudelio de Berlanga.
Casillas de Berlanga. Soria.

Camello. Catedral de Santa María. Tarragona.

CIERVO (CERVUS): simboliza al alma humana. “Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de Ti, mi Señor” (Salmo 61 de David). El Phisiologus dice que el ciervo es muy sediento y la razón de su sed es que come serpientes, por lo que los bestiarios y los tratadistas de animales le aplican el simbolismo de pureza de Cristo. Si para la tradición grecorromana el ciervo simboliza la pureza, la fecundidad, la abundancia, …, para el cristianismo pasó a representar el alma que desea unirse a Dios, la elevación espiritual (lo contrario al macho cabrío). La máscara de cérvidos es una manifestación céltica que convoca la idea de fecundidad. La cornamenta del ciervo puede ser renovada, expresando también renovación.


Ciervo. Pila Bautismal. Santa María. Villanueva. Asturias.

CORDERO: alude a Jesús como víctima inmolada por los delitos del género humano. Animal del sacrificio por excelencia, tanto en los sacrificios cotidianos como en la celebración pascual. Símbolo de humildad del hombre que está dispuesto a ser devorado para renacer a la nueva vida. También es símbolo de dulzura, inocencia, pureza y obediencia. La crucifixión en Viernes Santo evoca los sacrificios del cordero preparado para la Pascua Judía, así como el papel salvador de la sangre del cordero con la que los judíos de Egipto habían marcado su puerta antes del exterminio de los primogénitos. Juan Bautista exclama viendo a Jesús: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. El cristiano es liberado por la sangre de un cordero: Jesucristo, de la misma forma que fueron liberados los israelitas de Egipto. Representado con nimbo o con cruz simboliza a Jesucristo, que da su cuerpo para alimentarnos y nos invista con la Gloria. También se le suele representar sosteniendo con la pata una cruz alta o bandera. Los corderos representados sin nimbo y sin cruz, cuando aparecen junto al pastor, representan a la grey cristiana (grey es un ganado; una congregación de fieles cristianos bajo sus legítimos pastores). El cordero llevado en sus garras por un águila ensalza el significado del hombre elevado, dispuesto al sacrificio, y que de este aleteo del espíritu no se enteran los entregados a placeres materiales. El cordero divino está inspirado en el evangelio de Juan o en el Apocalipsis.

Cordero. San Pedro de Rodas. Port de la Selva. Gerona.

Corderos. Capitel de Santa María. Alquézar. Huesca.

ELEFANTE (ELEPHAS): símbolo de la humildad, y como tal, se asocia a Cristo, que se convirtió en el más pequeño y obediente de los humanos hasta asumir su propia muerte. También es símbolo de castidad, pues se tenía la idea que era reacio al apareamiento. Se le relaciona con el bautismo, ya que este animal pare a sus crías dentro del agua para protegerlas de las serpientes, mientras el macho guarda el territorio. Las crías eran llevadas a alguna isla para evitar que las serpientes las estrangularan. El elefante y su compañera personifican a Adán y Eva, pues mientras fueron virtuosos, es decir, obedientes al Señor antes de su prevaricación, no conocieron el coito ni tuvieron idea siquiera de su unión carnal. Pero cuando la mujer comió del fruto del árbol prohibido (la mandrágora espiritual, esa planta de hojas carnosas y profundo olor fétido) y dio de comer de él a su marido, quedó llena o preñada de males. A causa de ello tuvieron que salir del Paraíso. Simbolizaría, pues, la necesidad de la venida de Cristo-Redentor como nuevo Adán para salvar la humanidad. Si el elefante es representado con un castillo entre sus lomos se puede interpretar como alegoría de las penalidades que se han de soportar en la vida y del peso de los pecados. Según San Isidoro, el elefante con castillete está en relación con la fuerza del animal y el servicio que presta a los guerreros que se ocultan dentro de él.

Elefante. San Baudelio de Berlanga. Casillas de Berlanga. Soria.

GATO (MUSIO): animal con connotaciones positivas y negativas. Como valor positivo de este felino doméstico procedente de la cultura celta, representa la capacidad de introspección y análisis para conocer la verdad, desenmascarar a los falsos profetas y conocer el Otro Mundo. Según San Isidoro de Sevilla, debe su nombre a su habilidad en la caza de los ratones, y su agudeza visual que le permite ver en la oscuridad. De valor positivo ocasional en el cristianismo relacionado con su actitud de vigilancia, el gato cayó progresivamente en desgracia hasta identificarle con un demonio, debido a su escasa fiabilidad pero especialmente por progresiva asociación a supercherías y a la brujería. Guardián del infierno que lanza las almas de los culpables a las llamas.
Gato. Canecillo de San Adrián de Vadoluengo.
Sangüesa. Navarra.

JABALÍ / CERDO: en el ámbito cristiano, el jabalí simboliza al demonio. Al igual que el cerdo, es tragón y lúbrico, lujurioso, sucio y perezoso. Animal inmundo.

Jabalí. Santa María de la Oliva. Asturias.

LEÓN: el simbolismo del león en el románico es un simbolismo ambivalente, ya que puede tener tanto connotaciones positivas como negativas, aunque por su comparación o prefiguración con Jesús o Cristo en la mayoría de las veces, hace que su significado positivo prevalezca sobre el negativo. Esa negatividad se basa en la calidad del ser humano. San Jerónimo ya lo explicaba: “Cristo es un león bueno para los buenos y un león malo para los malos”.
         La primera connotación positiva del león la podemos encontrar como guardián del templo. El templo románico es el domicilio o la casa de Dios. De la misma manera que muchas de nuestras casas tienen o poseen perros guardianes para guardarla, la casa de Dios debe ser protegida o guardada por guardianes a la altura de las circunstancias. Sobre la figura rastrera y humilde del can o perro, se hiergue la figura espléndida de un felino con la cabellera grande y frondosa y enormes dientes. Por su condición de guardián, la posición que debe ocupar en el templo debe ser en la entrada, en la puerta, con el fin de cumplir mejor con su misión de guardián. El visitante tiene ganado el derecho de penetrar en el templo, y sabe que los leones no le van a impedir entrar en el templo, pero le están avisando que el hecho de traspasar el umbral de la puerta es un acto no exento de importancia: entramos en la casa de Dios, y los leones nos preguntan si estamos en condiciones de hacerlo. La humildad y el respeto deben ser las condiciones necesarias para la entrada, lo que nos lleva a preguntarnos si estamos en condiciones de conseguirlo o hacerlo. Por lo tanto es un signo de advertencia, un indicador entre dos dominios heterogéneos: el profano y el sagrado.
         La ubicación de cabezas de leones a modo de guardianes en los templos románicos son, principalmente, las mochetas en las portadas, el punto obligatorio para pasar de lo terrestre a lo divino, de lo profano a lo sagrado. Esta representación tiene su origen en la puerta de los leones de Micenas. El paso a través de ellos, como el paso a través del canal del puerto, es un tránsito a otra realidad, un acceso a otro nivel de existencia.


Leones. Ermita San Bartolomé de Codés. Navarra.


León. Mocheta en San Isidoro de León.

         La segunda connotación positiva que simboliza el león es la victoria del siervo de Dios sobre el mal, asociándolo al propio Cristo. Cuando Sansón triunfa sobre el león, y le desgarra la mandíbula, se aparta de él creyéndole muerto. Tres días después, al volver junto al cadáver, encuentra un enjambre de abejas y miel, que simboliza a Cristo, el león al que la humanidad destroza y del que se extrae alimento suave y sustancioso. Tres días después de la muerte de Cristo encontramos en Él el alimento para la vida. Es una prefiguración del sacrificio de Cristo y una alusión al sustento espiritual que nos proporcionó su muerte. El fruto del sacrificio se convierte en el alimento espiritual de aquellos que lo ejecutaron. Por lo tanto, león muerto es igual a Cristo sacrificado.

Sansón desquijarando a un león. Capitel. Prádanos de Ojeda. Palencia.

         La siguiente connotación positiva del león la tenemos asociada o simbolizada en la Resurrección, ocurrida, como todos sabemos y siembre según los Evangelios, al tercer día de su muerte en la cruz. En la Edad Media todo el mundo admitía que la leona paría a los cachorros que parecían estar muertos. Durante tres días, los cachorros no daban señales de vida, pero al tercer día, el león comenzaba a dar vueltas a su alrededor y les daba vida con su aliento.
         Hay quien dice que los autores de bestiarios medievales tomaron esta ficción de Aristóteles y Plinio el Viejo entre otros, pero lo cierto y verdad es que muy raramente un europeo de los siglos XI y XII había podido ver un león vivo; como mucho en algún códice o bestiario podría haber visto una imagen de los circos romanos devorando cristianos o luchando con gladiadores, una imagen bastante cercana a la realidad, por lo que el león pasó al imaginario popular.
         Otra representación muy habitual en el arte románico del león como simbolismo positivo es como león andrófago (devorador de hombres), animal iniciador cuya fagocitosis supone al hombre nacer a una nueva vida. Son leones devorando hombres y mujeres. Una veces engullendo su cuerpo entero con sus enormes fauces, otras mordiéndoles brazos, piernas o la cabeza. El león devora, pero al que se le atribuye la cualidad de regenerar al hombre capacitándolo para una nueva vida porque confiere a su víctima algo de su potencia vital, realizando con ella una verdadera metamorfosis. Por eso es símbolo también de la Resurrección.


León andrófago. San Martín de Tours. Artaiz. Navarra.
(Foto de la web de circulo-románico)

         Otra connotación positiva la tenemos en la vieja creencia que el león dormía con los ojos abiertos, lo que ejemplifica la actitud de vigilancia permanente que debe manifestar un cristiano. En ello se vio la imagen de Cristo atento a todo lo que ve. San Carlos Borromeo dio el consejo de adornar las iglesias con la figura del león vigilante para recordar a los que tienen cura de las almas la vigilancia necesaria.
         Pero no todo van a ser connotaciones o simbolismo positivo; también lo tiene negativo. El león es el enemigo a batir, es un animal poderoso, no es un enemigo cualquiera, que sólo con condiciones formidables de fortaleza o fuerza puede afrontarse la tarea. Es una metáfora de la lucha contra el mal, un mal que muchas veces es interior al ser humano. En este caso, el luchador es el propio observador del símbolo, sumido en un conjunto de peligros que intentan separarlos del camino de la perfección.
         Se podría terminar esta simbología leonila con la misma frase de San Jerónimo con la que comenzamos su comentario: “Cristo es un león bueno para los buenos y un león malo para los malos”.

LIEBRE: en la simbología cristiana simboliza la fragilidad del alma y la concupiscencia, que tienen que ser acosadas y derrotadas. Símbolo de la lujuria por su fertilidad. Animal inmaduro, inmundo y sensual. Su fecundidad conduce a evocar aspectos reprobables: incontinencia, despilfarro, exceso, desorden. San Julián, Tertuliano, Orígenes, San Agustín, San Clemente, San Cirilo de Alejandría (¡no! no son jugadores del equipo de fútbol del seminario; son Padres de la Iglesia ¡ahí es ná!) aseguran que a los judíos les estaba prohibido el consumo de liebre porque es símbolo de los vicios, de los que Dios quiere ver libres a sus siervos. En el libro de la Biblia el Deuteronomio, y sobre todo en el Levítico, está estigmatizada y prohibida como lo pecaminoso: “De los animales terrestres podéis comer todos los rumiantes, bisulcos, de pezuña partida; se exceptúan sólo los siguientes: …, la liebre, que es rumiante pero no tiene la pezuña partida, tenedla por impura”.


Liebre. Santa Eugenia de Lances de Bureba. Burgos.


Liebre. Capitel claustro Santo Domingo de Silos. Burgos.

LOBO: el lobo durmiendo indica que el momento de la muerte iniciática que hace resucitar a la nueva vida está lejos, ya que el lobo andrófago (¿recordáis al león?) está lejos. Devorando al hombre, apareciendo sobre la cabeza del animal una cabecita infantil o un ave indica la regeneración del espíritu, la muerte iniciática del devorado y su espíritu renovado que vuela por sus propios medios en el campo espiritual. A veces se le representa junto a un perro, lo que lo asocia con Caín y Abel. El lobo sería Caín, “bestia rapaz sedienta de sangre”, que con su rabia destroza todo lo que encuentra. El perro sería Abel, que muere incluso por defender a su amo, ya que los perros “aman a su dueño”.

MACHO CABRÍO: forma negativa y maléfica del príncipe del mal, símbolo del infierno. Animal lascivo, imagen del demonio y de la impureza. En la antigüedad servía de montura a Dionisios y Afrodita, de donde puede derivar su identificación medieval con la lujuria.

Macho cabrío. Santa María. Solsona. Lérida.

MONO / SIMIO (SIMIA): denominados simia por su similitud con la raza humana. Se le identifica con la figura de Satanás y el Antricristo, conociéndosele como “Simia Dei”, mono de Dios, según Hugo de San Víctor. Criatura grotesca del hombre, semejante al ser humano pero con rasgos deformados; es su “alter ego”, representando vicios humanos: desmanes, perjurios, latrocinios o defraudadores. Simboliza al demonio que quiso ser Dios.

Mono demonio. Portada de Platerías.
Santiago de Compostela. La Coruña.

Mono. Canecillo de catedral de San Pedro.
Jaca. Huesca.

OSO: se utiliza para representar conceptos negativos, como el orgullo exacerbado, la violencia, la trivialidad y la crueldad. Es habitual contemplarlo en el contexto de escenas cinegéticas o luchando contra otro animal o contra un caballero, simbolizando un enfrentamiento entre lo negativo y lo positivo. Se le asocia a la oscuridad de las grutas en que vive, y también a la gula.


Oso. Catedral de Santa María. Tarragona.

PERRO: un perro es un can; de ahí la denominación de canecillo. El perro simboliza fidelidad, guardián de las casas, de los rebaños, valiosa ayuda al señor de la casa. El perro pastor, guardián del rebaño, se convirtió en emblema del buen pastor, del obispo. Simboliza, así mismo, al compañero constructor, ya que sigue la voz de su amo o su maestro. Representado con una piedra en el boca es la que le ha hecho recoger su maestro para trabajar y construir la Jerusalem celestial (Catedral de Santo Domingo de la Calzada). Un perro escupiendo fuego por la boca se convierte en un emblema de los dominicos, armas parlantes de los dominicos: Domini Canes, los perros del Señor. En diversas culturas es una animal psicopombo, es decir, guía las almas por el inframundo y a veces lo custodia; de ahí que su simbología esté unida a Anubis, portero del Amenti en Egipto. Los israelitas lo consideraron bajo su aspecto más sombrío, animal impuro. Es en la Edad Media cuando comienza a asociarse con la fidelidad y la colaboración con el hombre, representándosele a los pies de los sepulcros y a los pies de las figuras yacentes, como atributo de vigilancia y de paciencia.
Perro. Cripta del castillo de Loarre. Huesca.

PEZ: ІХθУЅ (ijzys) en griego, Iesus Xristos Zeu Yios Soter: Jesús Cristo, Hijo de Dios Salvador. Los peces y las escamas aluden a las aguas bautismales en las que el cristiano se mueve como pez en el agua para ser salvado por Cristo. El pez simboliza el misterio del agua como fuente de vida además de a Jesucristo o la Eucaristía. Símbolo de pureza, sabiduría, fecundidad y resurrección. Varios peces a ambos lados de la cruz representan, por derivación, los cristianos en torno a el Salvador. Si el pez tiene forma de delfín se considera como salvador y amparo de náufragos. El pez engullidor, generalmente la ballena en la iconografía, representa el mundo, el cuerpo, el sepulcro, lo perecedero de la existencia.


Peces. Santa Juliana. Santillana del Mar. Cantabria.

RANA / SAPO: uno de los primeros seres asociados a la idea de la Creación y resurrección, no solo por ser anfibia, sino por sus periodos alternos de aparición y desaparición. Es también símbolo de encarnación, pues experimenta diferentes metamorfosis a lo largo de su existencia. Por otro lado, junto con el sapo, es símbolo del demonio, representando a veces la avaricia y la envidia.


Sapo. San Esteban Protomártir.
Bañuelos de Rudrón. Burgos.

SERPIENTE: Debemos partir del hecho que el simbolismo de la serpiente es un simbolismo muy complejo, presentando múltiples aspectos, tanto positivos como negativos, aunque el interés de utilizarla en representaciones no proviene precisamente de esa simbología positiva o negativa, sino por su adaptación fácil a cualquier forma arquitectónica. Cuando resulta útil, se le pone cabeza en cada extremo, se le bifurca, incluso trifulca, o se le añaden hojas. Aún así, todos tenemos en mente que la serpiente representa al mal, es símbolo por antonomasia del pecado, del demonio y de perversión, aunque también es símbolo de energía y fuerza. Es un animal con una gran riqueza simbólica proveniente de la totalidad de ella o de sus aspectos dominantes: avance reptante, serpenteante, asociación frecuente al árbol y su analogía con sus ramas y sus raíces, muda la piel, lengua amenazante, esquema onduloso, sibilino, agresividad por el lanzamiento de sus víctimas.
         En el arte románico es muy habitual encontrar representaciones de mujeres a las que serpientes o batracios le muerden los senos y el sexo, en alusión al adulterio, al incesto y, según estudios más recientes, asociado a la simonía, pues estas representaciones de mujeres siempre, o la mayoría de las veces, aparecen acompañadas de representaciones de clérigos con una bolsa de dinero colgada al cuello. Antes se consideraba como representación de la lujuria y la avaricia, respectivamente, pero al asociar mujeres y clérigos, representan el pecado de la simonía cometido por estos clérigos (¿que no sabéis lo que es la simonía? Otra palabrilla p’al cubo la Guada).
         También en el arte románico se las representa luchando con basiliscos y enredadas en ellos, simbolizando la lucha demoníaca entre las fuerzas del mal.


Serpientes luchando con basiliscos. San Miguel Arcángel.
Sotosalbos. Segovia.

         Como representación de la lucha entre la luz y las tinieblas aparece el águila clavando sus garras en la serpiente. Áspides que muerden leones, animales sujetos por pájaros, pájaros que se transforman en ángeles, están simbolizando los distintos y progresivos estados espirituales. La serpiente mordiéndose la cola es símbolo de la ciclicidad del tiempo, de la eternidad.


Serpientes. Colegiata Santa María. Alquézar. Huesca.

         Otro símbolo asociado a la serpiente proviene de culturas antiguas, donde era utilizada como teofanía de divinidades telúricas y simbolizaba, entre otras cosas, la fertilidad, ya que habitaba en las mismas entrañas de la tierra y era considerada la encarnación de la Diosa Madre. Para los celtas, la serpiente simbolizaba la naturaleza cíclica de la vida. Al meterse por los agujeros de la tierra se hacía conocedora de todos sus secretos y poseedora de su fuerza vital.
         Pero no todo en la serpiente va a ser simbología negativa (que es la más abundante y la más conocida), sino que también posee algo de simbolismo positivo.
         La característica de la serpiente de renovarse cambiando la piel llevó a la creencia que era capaz de renacer, al igual que ocurre con la luna, que nace y muere cada mes. Al despojarse de su antigua piel se convierte en alegoría del pecador arrepentido, que se deshace de su condición pasada por medio del Bautismo y la Penitencia. La serpiente es un símbolo antiquísimo de la Sabiduría y de la Inmortalidad, “… el más astuto de los animales.”, según el Génesis.
         Y siguiendo con el Antiguo Testamento, en el libro de los números se relata el pasaje de la serpiente de bronce de Moisés, a quien Yawhé le ordena realizar una serpiente venenosa y colocarla en un estandarte. Los mordidos de serpiente que podían causar las serpientes aladas que Yawhé les había enviado como castigo quedarían sanados al mirarla (Libro de los Números, XXI, 4-9).


Serpiente. San Miguel. Olcoz. Navarra.
        
Este pasaje benigno o positivo de la serpiente podría ser una explicación al porqué el signo de la serpiente aparece en los anagramas del colectivo médico y farmacéutico, colectivo dedicado a la curación o sanación del ser humano. Otra teoría apunta a la cultura sumeria, que adoraba la serpiente como deidad, y en un ancestral ritual bebían una mezcla del veneno y la sangre de la serpiente, pudiendo ser este brebaje muy benefactor para la salud, el auténtico “elixir de la vida”, y el cuenco donde lo bebían el auténtico grial. De ahí también que en el anagrama de los dos colectivos anteriores citados también aparezca una copa.

                         

Anagramas del colegio de farmaceúticos (arriba).
Báculo de Asclepio (debajo), anagrama del colegio de médicos.


TORO / VACA / BUEY: el toro es un animal identificado tradicionalmente con la luna y la fertilidad. Diversas culturas le rendían culto como deidad primigenia. En el alfabeto hebreo la letra “alef” simboliza al toro y el comienzo del ciclo lunar. Contrariamente al toro, el buey es un símbolo de bondad, de calma, de fuerza apacible, de laboriosidad y de sacrificio. El buey es el símbolo de San Lucas, que es el evangelista de la Pasión, y simboliza a la res del holocausto.


Toros. San Baudelio de Berlanga. Casillas de Berlanga. Soria.

         Bueno, romanicófilos, no parece poco todo lo que hemos desarrollado en esta charleta románica, … y eso que era una pequeña y breve introducción.

         Como habéis observado, sólo hemos hablado de animales terrestres; no hay ni aves ni peces (aunque sí está el pez por su importancia) ni animales fantásticos y monstruos. Aún así nos hemos dejado algunos sin nombrar por su escasa reproducción en el Arte Románico. Lince, pantera, hiena, zorro, etc., son algunos animales no referenciados.

         Para el próximo tostón (¡nada! ¡que no se me olvida!) románico hablaremos de aves y, si no me sobre paso en modorrería, de animales fantásticos y monstruos. Espero que no me llaméis cosas muy feas.

         ¡Hasta pronto!


viernes, 16 de diciembre de 2016

SIMBOLISMO ROMÁNICO (II)



          ¡Chaaachooooos! ¡’Amos ya, hooombreee! Que tenemos a medias un tostón románico, y éste es “güeno” de verdad. No os desaniméis, chicos, que esta segunda parte va a ser un poco más amena porque vamos a descubrir y conocer animales fantásticos que eran utilizados en la antigüedad y en el mundo románico para significar y simbolizar aquello que el hombre de esa época tenía la necesidad de expresar y no tenía otros medios para hacerlo, salvo de esta forma, nada más que por medio de animales fantásticos creados por la unión de dos o más animales reales cuyo resultado final fuera otro diferente pero con las virtudes y los defectos de los que lo forman. También veremos animales reales y cotidianos, que muchos de vosotros tenéis en vuestras casas o vuestros huertos, que también eran utilizados en esa época románica para significar y simbolizar virtudes y defectos. Habrá frutos y frutas, formas geométricas, representaciones humanas, poses, escenas cotidianas, etc., todo ello con el único fin de expresar algo, de significar algo, de simbolizar algo, y todo con finalidad, todo a conciencia, con conocimiento y con funciones propias y delimitadas.

         Haciendo recordatorio por enésima vez del analfabetismo galopante de la casi totalidad de la población románica, el clero sobre todo tuvo que buscarse unos medios para poder instruir a toda esa población que no sabía leer ni escribir, ni que, además, entendía la lengua culta que éstos utilizaban en sus oficios religiosos: el latín. Por ello, tuvieron que ideárselas para hacerlo, utilizando símbolos a los que le dieron una especie de significado, bien por convención, bien por convencimiento, bien por asimilación de culturas anteriores, o bien por su adaptación a la nueva sociedad de la que formaban parte. El caso es que por medio de símbolos, materiales, animales o de cualquier otra índole, trataban de instruir a toda esa masa de analfabetos (tal y como suena; era la pura y dura realidad).

         En la primera parte de este larguísimo capítulo hablamos de la dificultad de interpretar personalmente cada símbolo. Para cada uno de nosotros podían llegar a tener significados diferentes, incluso contradictorios. Si a eso le añadíamos que muchas veces eran representados por personas que no sabían lo que estaban representando, y además lo representaban mal, el símbolo creado nada tenía que ver con el original, creando un algo que ha llegado a nuestros días carente de simbolismo y significación, con todo lo que ello puede acarrearle a un hombre moderno a la hora de realizar o buscar una interpretación personal. Historiadores y especialistas (sííií, mucho más que nosotros) se afanan diariamente para tratar de descifrar su significado, no llegando, la mayoría de las veces, a una conclusión clara y definitiva. Ello da muestras de la dificultad de la tarea a realizar, y de la dificultad que es tratar de encasillar algo objetivo a la subjetividad de la persona, no ya de la de ahora, sino también de la persona de aquellas época románica, mucho peor preparada que la actual pero, a la vez, mucho mejor preparada, también que la actual (parece una contradicción, pero no lo es; hay que contextualizar cada preparación), sobre todo para asimilar y aceptar esas representaciones como su libro de la vida, personas carentes de expresividad pero con la necesidad imperiosa de esa aceptación y gritar al mundo todo lo que tenían guardado en su interior y que algo y alguien le impedían poder exteriorizarlo. Esa necesidad les hacía mucho más receptivos, y a la vez más expresivos, muy alejados de las personas que formamos la sociedad actual, faltos de estímulos y de espiritualidad, no ya para seguir realizando esa misma labor, sino también para intentar comprender la labor de esas personas románicas y el mundo donde habitaron. La prueba evidente la tenemos en la sobriedad y “desnudez” de los tempos cristianos que se construyen en la actualidad, que apenas permiten la incorporación de la imagen central o la de a quien está dedicado dicho templo, como si los feligreses y el clero en general se hubieran cansado de abundantes imágenes, o, simplemente, no tengan nada que representar porque no tienen nada que enseñar, que quizás sea ésta la verdadera razón de esta nueva época de iconoclastia (una palabrita más ‘pal cubo de la Guada).

Iglesia del Jubileo (1996) - Roma

         Como todos sabéis, en la época medieval, y más concretamente en la época románica que es la que a nosotros nos interesa, la religión se manifiesta por encima de cualquier otra actividad humana, aunque no es el único elemento preponderante de la vida del hombre románico, aunque sí puede ser considerada como fuente reguladora de todas las demás fuentes existenciales. Y como no podía ser de otra forma, era también la reguladora a la hora de expresar, por medio de representaciones, todo aquello que esas personas estaban dispuestas a dar a entender. Pero como personas que eran, no solamente tenían la necesidad de expresar su espiritualidad, sino también aquello más mundano, más vulgar, más cercano a su verdadera vida social, familiar, amorosa, y también sexual, así como festiva y ociosa, vida muy alejada de los preceptos religiosos pero tan válida y necesaria como aquella que promulgaba la religión. La consecuencia de esa dicotomía era la aparición de determinadas figuras o representaciones enfrentadas entre sí, pero representadas dentro de un mismo espacio arquitectónico: la iglesia o el templo. A una se las denominó figuraciones sagradas y a las otras, profanas.

         Pero, … ¿qué es algo profano? La RAE de la Lengua define lo profano como “aquello que no es sagrado ni sirve para usos sagrados.”, en contraposición con el término sagrado, que lo define como “digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad.”. Ambas representaciones no sólo conviven en dichos espacios religiosos, sino que tenían la obligación de hacerlo, ya que toda la creencia religiosa de la época interactuaba con otros sistemas de creencias, adquiriendo valores sociales y morales que les ayudaban a determinar la selección de metas a largo plazo, además de ayudarles a controlar su propia conducta y su propio equilibrio emocional. No debemos olvidar que nuestra conducta humana siempre ha estado guiada por el sistema de creencias que tengamos cada uno de nosotros. A esto hay que añadirle que casi toda la trayectoria del ser humano se ha desarrollado sin la existencia de la escritura (recordamos una vez más el galopante nivel de analfabetismo de la sociedad románica), lo que contribuye, aún más, a utilizar representaciones simbólicas para expresar su pensamiento. En la historia de la humanidad, los fines religiosos del arte no han estado reñidos con los utilitarios y estéticos, en tanto que una belleza sobrecogedora ayuda a asegurar la efectividad de lo mágico, lo divino y lo espiritual.

     ¡Vaya introducción que me he marcado! Supera, con creces, y sin conocimiento, cualquier otro rollazo románico que pudiera haber soltado. Pero es que cuando me lío, me lío, y no sé cuándo parar. Vamos a aterrizar en lo que quizás más pueda interesarnos, que os veo una cara de “empanaos” que no hay por donde cogerla.

         De entre todas las representaciones simbólicas que podemos encontrarnos en los templos e iglesias románicas, hay unas que sobresalen por encima de las demás, dejando a un lado las representaciones de escenas concretas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que simbólicamente no tienen otros significado que el propio que adquieren dentro de ambos textos sagrados, y que conociendo ambos textos, identificamos correctamente dichas representaciones y el contexto dentro de su ubicación (siempre y cuando sea la primigenia, que eso es harina de otro costal) en el edificio religioso. Las representaciones a las que me refiero son las representaciones de animales. Sí, animales, esos mismos que vosotros conocéis porque tenéis algunos en casa o en los huertos, y otros más raros, no reales, que llamaremos fantásticos, que, normalmente, lo forman partes de otros animales para darle un simbolismo específico además de cristianizarlo o satanizarlo.
Gallo. San Pedro de Tejada (Burgos)

         Los que tenéis animales (y los que no los tenemos) podéis apreciar que su presencia es algo inherente a vuestra vida y, por extensión, mucho más en la vida de una persona de la sociedad románica. La relación entre esa persona y los animales era una relación casi íntima, ya que éstos no solo servía como instrumento de trabajo y medio de alimentación, sino que también servían de compañía, una compañía más íntima que la actual, ya que en aquella época, los animales vivían en el mismo habitáculo o cabaña que las personas. Por ello, y debido al conocimiento que el hombre tenía de ellos, fueron también utilizados para enseñar a comprender las complejas estructuras sociales, los sistemas políticos y los dogmas religiosos que estructuraban la sociedad medieval. El hombre románico comenzó a representarlos asociándoles a cada uno de ellos una simbología normalmente de naturaleza cristiana y moral siempre al servicio de la Iglesia, que los utilizará para la representación del bien y del mal. A través de los animales, el hombre encuentra modos de comportamientos por comparación o metáfora con los mismos. El animal es una criatura divina pero que no se encuentra a la altura del hombre, y es por ello que va a emplearse, asociándole un cierto simbolismo en sentido alegórico, para explicar ciertos conceptos teológicos de difícil interpretación que éste debe asimilar.

         La simbología animal impregna todo el medievo, y eso se percibe en las distintas representaciones de los mismos que aparecen en los más diversos soportes al existir una sacralización de la representación en la Edad Media. Esas representaciones, junto a la personificación del comportamiento animal, fueron tomadas de las tradiciones de la antigüedad, fundamentalmente de Oriente (India, Asiria, Egipto, etc.), y enriquecidas progresivamente con la labor de los teólogos y los exégetas medievales.

         Pero con anterioridad a toda esa labor teológica, en la antigüedad, y sobre todo en Oriente como hemos dicho antes, ya se comienzan a fomentar las descripciones y representaciones de monstruos de aquella parte del mundo. Una vez más debemos adaptar nuestra mente a aquella época para tratar de comprender y aceptar que en ese periodo de tiempo de la historia, el hombre no conocía la mayor parte de la fauna que poblaba la Tierra. Para la mayoría de ellos, un elefante podía resultarle un animal monstruoso en comparación con un caballo, un buey, y no digamos con una cabra o una oveja, animales que pertenecían a su vida cotidiana. La inmensa mayoría de esas personas morían sin conocer un elefante, un rinoceronte, una jirafa, un avestruz, una llama (propia de América del Sur); si acaso conocían un león pero en cautividad, nunca en su hábitat.

Una prueba de lo que estoy diciendo la encontramos en la representación de un elefante en las pinturas de la ermita de San Baudelio, en Casillas de Berlanga, Soria, donde se representa un elefante muy deformado, en el que tan sólo sobresale la trompa, pero que más bien parece un perro con trompa, mucho más por el tamaño con el que lo han representado. Ello da muestra del desconocimiento total que tenían de dicho animal, de no haberlo visto nunca en su vida el pintor que lo plasmó en esa pared, y que lo representó tal y como aparece descrito en los diferentes libros que durante esa Antigüedad y hasta la Edad Media fueron apareciendo describiendo todos esos animales “fabulosos” que el hombre se iba encontrando en su camino, sobre todo en la campañas militares que constantemente se estaban produciendo en buena parte de Oriente y Europa.

Elefante. San Baudelio de Berlanga. Casillas de Berlanga (Soria)

         Aristóteles (¿os suena?), tutor de Alejandro Magno (¿tampoco os suena?) escribió Historia Animaliuns, donde describía los animales que iba viendo en los países conquistados, incluso corrigiendo falsas descripciones. Los romanos llevaron animales a Italia desde las provincias más remotas de su Imperio, más que por interés científico por aumentar la pompa de los triunfos militares y para su exhibición en los anfiteatros. Plinio (no, el de Tomelloso, no; otro que era romano), escribió durante esa época del Imperio Romano Historia Naturalis, donde reúne tradiciones y supersticiones populares que tanto había de influir en la literatura medieval y renacentista referente al mismo tema.

         El Physiologus (desarrollado sin duda en Alejandría a finales del siglo II o el principio del siglo III, es una colección de historias de animales cuyas referencias comprenden a la vez la descripción de una animal real o fabuloso, y la interpretación tipológica de su naturaleza), el Hexaemerón (6 días, etimología de la palabra), escrito por San Ambrosio, los Bestiarios, la Etimologías de San Isidoro, el Códice de Alberto Magno, Hortus Sanitatis, etc., son libros escritos durante todo ese tiempo y hasta la Edad Media en los que, por medio de imágenes y textos asociados, se les daba a los animales una serie de características, reales o ficticias, pero siempre acorde con los tiempos y relativamente consensuadas, narrando historias edificantes sobre las conductas de los animales y adaptadas a la época, todas ellas de un gran valor pedagógico.

         Todos estos libros tenían una gran característica en común: adolecían de un profundo conocimiento naturalista (la mayoría de los animales que aparecen en ellos no habían sido vistos nunca “in situ” por los autores) pero armoniosamente enlazados con la doctrina bíblica y cristiana. No hace falta volver a recordar una vez más que en la religión, sobre todo de aquella época románica, todo se aprovecha, y lo que hoy nos pueda parecer una doctrina bien conformada y perfectamente diferenciable de otras coetáneas, en su momento fue fruto de un sincretismo culturalmente enriquecedor. El uso de documentos paganos para enriquecer la propia doctrina nunca fue un problema irresoluble (… y mirar quién lo dice; ¡para que veáis!); bastaba adecuar convenientemente dichos textos a la doctrina. Mirad lo que advertía San Agustín: “El cristiano ha de entender que en cualquier parte que hallare la verdad, es cosa propia de su Señor.” (De Doctrina Christiana II, 18):

         Por lo tanto no puede extrañarnos que los Padres de la Iglesia se alimentaran de las fábulas moralizadoras de griegos y romanos para asociar repetidamente a los animales a diversas virtudes y vicios del hombre; en definitiva, dar una visión alegórica de los mismos. Incluso en el siglo VIII, desde altas instancias se recomendaba a los clérigos que utilizaran “exempla” en sus sermones para adaptar las fábulas y las características de los animales a la doctrina. Santiago Sebastián López, en su libro Iconografía medieval nos lo describe: “Este conocimiento de los animales de la época románica nada tiene de común con las ciencias naturales, ya que no los describen como son ni como se los puede observar. Se trata de presentar al animal tal como figura en el universo creado por Dios, un mundo encantado bajo el signo de lo sagrado, por lo que representa su aspecto físico y su comportamiento dentro de una significación religiosa y moral. Por otra parte, el mensaje simbólico del animal no es fácil de descifrar, porque en el discurso se interfieren informaciones desde diversos ángulos, no siempre coherentes, resultando que un animal puede significar una cosa y también la contraria; tal es la ambivalencia de su mensaje.”

Capital del cuervo y la zorra. Iglesia de San Martín de Tours.
                                                San Martín de Fromista (Palencia)

          Aún así, los Padres de la Iglesia no tuvieron ningún reparo con aprovechar la idoneidad del momento y conjugar felizmente la sabiduría de la antigüedad pagana con la renovación que significaba el cristianismo. Nuevamente es San Agustín quien, aceptando no sólo esa dualidad de significado benigno-maligno de los animales, acepta así mismo la dualidad sensitiva de la adoración iconológica frente a la anímica intelectual. Opinaba San Agustín que las imágenes debían variar las conductas. Cada imagen generaría entonces su propio discurso, que debería provocar las adecuadas reacciones de quien la interpreta, aceptando como síntesis, según el santo que: “… enseñar es una necesidad, deleitar un encanto y persuadir una victoria.”.


         Esta última frase de San Agustín puede resultar definitiva para resumir todo lo acontecido y relacionado en el románico y la representación animalística, sobre todo escultórica. La animalización de las figuras en el arte románico constituye un recurso que las dota de claras connotaciones morales. No es un arte encaminado al retrato del reino animal, sino de un arte psicológico donde toda forma es reflejo de un significado latente. La relación entre forma y contenido, entre figura y significado sigue procedimientos similares a los de la metáfora o hipérbole, conduciendo hacia un lenguaje plástico que podríamos calificar de expresionista. Realmente, la escultura románica, y en menor medida la pintura, pone de manifiesto la capacidad de la representación animal de referirse a comportamientos humanos bien aceptados, bien condenado por la Iglesia.


Canecillo de la Iglesia de San Juan Bautista
(Moarves de Ojeda, Palencia) con cabeza de
negro a la que se superponen dos grandes
orejas de burro para incidir en la bestialidad
del sujeto y en su falta de inteligencia de
acuerdo con la proverbial necedad y tontería
asociada al burro.


          Pero como cualquier otra sociedad latente, viva y regeneradora de sus miembros, su evolución supuso una revolución sobre todo con la llegada del Cister con San Bernardo de Claraval (1090 – 1153). Este monje cisterciense negaba la idoneidad del hombre carnal frente al espiritual, negaba la forma frente a la idea, en un intento de regenerar la opulenta vida monacal y reconducirla y devolverla a su pobreza antigua. Para ello, una de sus mayores reformas monásticas fue la total eliminación de las figuras de animales y monstruos de claustros e iglesias, con el fin de no distraer al recogimiento interior y el rezo perenne de los monjes. En su Apología a Guillermo bien lo manifiesta: “… ¿Qué hacen aquí en nuestros claustros donde los religiosos se consagran a las lecturas sagradas esos monstruos grotescos, esas extraordinarias bellezas deformes y esas bellas deformidades? ¿Qué significan aquí los monos inmundos, los feroces leones, los extraños centauros que no tienen de hombre más que la mitad? … Aquí un cuadrúpedo porta una cola de reptil, allá un pez presenta un cuerpo de cocodrilo.”.

         De cualquier manera, con representaciones animalísticas y monstruosas o sin ellas, el fuerte componente fantástico del arte románico ha llegado a producir una falsa concepción del mundo medieval, como un mundo dominado por el sin sentido y la sin razón. Un estudio más detallado, y sobre todo más sosegado y contextualizado, permite comprobar que la irrealidad de estas formas no se debe a una mentalidad ingenua de unos hombres que creían en quimeras y monstruos, sino a un lenguaje metafórico que permitía representar en imágenes elementos del mundo trascendente, su mundo, ideas sin cuerpo que sólo existían en el ámbito espiritual. Como hemos expuesto en muchísimas ocasiones, el pensamiento cristiano y la Biblia están conformados por múltiples metáforas de animales, y éstas cristalizan con gran promiscuidad en ese renacimiento de la imagen monumental que es el románico y que, sin duda, se distingue por un intrínseco carácter simbólico y didáctico.

         Bueno chicos, otra vez que os habéis quedado sin conocer o saber qué significan para las personas románicas todos los animales que dejaron representados. Nos enrollamos y nos enrollamos y no aterrizamos nunca en ellos. En la tercera parte de este “Simbolismo Románico” comenzaremos a ver todos los animales, aunque son tantos y de diferente condición y procedencia que mucho me temo habrá una cuarta y una quinta parte. No os desaniméis. Veréis qué chulo va a resultar.

         ¡Hasta pronto!

DON INO Y LA NUEVA NAVIDAD



         Allá por finales del siglo XVI, un colega mío, mejor dicho, un exjefe mío, porque era Papa, Gregorio XIII, a principios del mes de octubre adelantó diez días el calendario para adecuar los días y meses a las estaciones meterológicas, además de mantener en fechas solsticios y equinoccios. Fue lo que se conoció como el Calendario Gregoriano, que puso fin al calendario juliano, el que estableciera en su día Julio César en Roma y en todo su orbe conquistado. Hasta esa fecha de octubre era el calendario que regía en todo el mundo, pero iba teniendo un desfase de muchos minutos cada año, lo que podía provocar que, por ejemplo, la Semana Santa llegara a celebrarse en mitad del verano. De ahí esa adecuación o actualización de dicho calendario por parte de mi exjefe.

         Desde entonces hasta ahora, ha sido el calendario que viene rigiendo en el mundo, salvo para las otras comunidades y religiones monoteístas. No lo debió hacer tan mal mi exjefe, puesto que, de momento, no parece que hay mucho desfase entre estaciones, solsticios y equinoccios, y festividades asociadas a dichos eventos astronómicos. Pero con lo que no contaba mi exjefe en aquella época era con el cambio de mentalidad de la gente a la que cambiaba dichas fechas. Si se trata de mantener las fechas, ahí están las personas para cansarse de ellas y adelantarlas o atrasarlas según conveniencia o según estados de ánimo o estados económicos.

         Cerca está ya la Navidad, con todo lo que ello lleva consigo y aparejado, fiesta invernal cristiana y mundial por excelencia, cuya celebración fue establecida mucho antes del nacimiento de mi exjefe; se habla de las Saturnalias romanas y la festividad del nacimiento del sol como origen real de la Navidad. El calendario por él impulsado trataba, entre otras cosas, que dichas fiestas se mantuvieran en las mismas fechas que hasta entonces se venía celebrando. Pero mira tú por donde, llegan las personas, se cansan de esas fechas y las adelantan, en este caso, hasta cuando ellos consideran oportuno.

         Hoy día no es extraño (más bien todo lo contrario) ver luces, adornos y arbolitos navideños finalizando el mes de octubre y bien entrado el día de los Santos y los difuntos; casi dos meses antes de las fiestas navideñas. Y no digamos ya los productos gastronómicos típicos: turrones, polvorones (aunque no sean de la Estepa), licores de todo tipo de color y sabor. Éstos corren como posesos por centros comerciales, tiendas de barrio, incluidas las famosas “Todo a cien” por llamarlas de alguna manera. Lo bueno de esto es que te aprietas un atracón antes de la Navidad, y durante ella casi te pones a régimen más por cansancio de esos productos que por convencimiento propio y necesidad.

         En el día de los finaos se apagan las “mariquillas” en memoria de los difuntos de cada casa para encender las luces intermitentes de colorines que decorarán los balcones y ventanales de casas y todo tipo de negocios. Papas Noeles colgarán de balcones y terrazas generando la duda de si suben o si bajan para escapar de tan horrible y terrible desmán, sabiendo muy de antemano que en muy poco tiempo se olvidarán de él, lo apartarán y degradarán para dar paso a la escalada de los Reyes Magos, generando de nuevo la misma duda que días antes generara Papá Noel. Todo esto sucederá muchos días después de que, allá por mediados del mes de septiembre, nos hallamos echado al monte con sierra al hombro para cortar vilmente con alevosía y premeditación, al más puro estilo ecológico que nos caracteriza, el primer pino pequeño que se adecue en tamaño al rinconcito que le tenemos reservado en el salón de casa, mientras silbamos alegremente el villancico que este año ha sido la canción del verano. Y todo ello lo hacemos también para aportar nuestro granito de arena a la hora de ambientar nuestros pueblos y ciudades con esos adornos y esas luces que para finales de octubre ya están encendidas, las mismas luces que se han utilizado en las pasadas y cercanas fiestas patronales y que se reaprovechan para ambas celebraciones. Si algún desaprensivo (ego sum) osa criticar dicho despilfarro por parte de la corporación municipal será expuesto a escarnio público con propuesta vecinal de destierro “ad infinitum” con carácter urgente, después de acusarle de coeficiente intelectual rozando el cero absoluto por no entender que las bombillas de esos arcos lumínicos son de bajo consumo, que prácticamente no consumen nada, luego no hay tal gasto eléctrico. El desaprensivo abandonará la población a estilo Calimero con un run-run en su cabeza: algo que está encendido, ¿cómo podrá consumir y generar el mismo gasto que si está apagado? Desaparecido el bicho de mal agüero y el garbanzo negro que quiere cargarse el cocido, la fiesta continua.

         La Navidad ha dejado de ser esa fiesta entrañable, familiar, acogedora,…,  para convertirse en unas fechas puramente mercantiles, comerciales e hipócritas, de felicidad obligatoria e imperativas de paz y amor. Lejos han quedado los días de vacaciones de los niños, las noches familiares de juegos de mesa; incluso lejos han quedado el frío y la nieve, desapareciendo de ese contexto festivo y lumínico a modo de solidarización con el brutal cambio de sentido navideño. Ahora todo se ha convertido en una bacanal comercial y monetaria. Importamos días claves de compras descontroladas, frenéticas, compulsivas. Viajamos a cualquier lugar más por quitarnos de en medio y desaparecer que por placer, como si fueran los últimos días de nuestra existencia. Renegamos de todo aquello que nos pueda recordar a la familia y a todo su entorno, para centrarnos en el yo, mí, me, conmigo. De paso, ninguneamos cualquier otro día festivo, sea religioso o de cualquier otra índole que pueda estar situado entre esas fechas, manifestando y exhaltando de esta forma el total desapego que le tenemos a otra celebración que no se el consumismo, el culto propio y la autocomplacencia. Y lo peor de todo es que va a más.

jueves, 1 de septiembre de 2016

DON INO Y LA SOCIEDAD PROTECTORA DE ...

          
          La comunión entre los hombres y los animales es una comunión grata y placentera que, llevada al extremo, puede convertirse en una obsesión, en cariño (¡cómo no!) e incluso confusión, al tratar de equipararlo a un ser humano. Eso mismo quizás pueda ocurrir en la actualidad, donde todo paroxismo confunde la realidad con la ficción, elevando la consideración de un animal a la altura del ser humano. Los que tenéis animales en casa, en huertos, en el campo, etc., si interpretáis mis palabras dentro del contexto al que van referidas entenderéis lo que quiero decir; si, por el contrario las sacáis fuera de ese contexto y las utilizáis en beneficio propio y como excusa para alzar la voz o incluso el puño para defender a capa y espada al animal frente al ser humano aduciendo que hay animales mejores que algunos hombres (recordad el típico refrán que éstos últimos utilizan en contra del hombre) es obvio que no queréis entender lo que trato de decir o de expresar. De cualquier manera, la simbiosis hombre-animal, además de grata y placentera, es una simbiosis muy duradera, tanto que desde tiempos ancestrales la convivencia del hombre con el animal es una convivencia inherente a la propia vida de ambos. Hombre y animal van unidos a lo largo de toda la existencia del ser humano, lo que ha provocado que el hombre halla “seleccionado” a un tipo de animal para unas determinadas funciones y a otros para otras funciones. Ha domesticado a unos y ha cazado a otros; de muchos se ha alimentado y a otros ha eliminado, todo ello en función de lo que le convenía al hombre para su propia subsistencia.

         Pero el  hombre, el ser humano, también tiene su espiritualidad, siempre ha creído en algo, y ha utilizado ciertos “iconos” para abrirse a ella y expresarla, bien de forma individual o bien de forma colectiva. Los animales han sido, desde tiempos ancestrales, uno de esos iconos. El ganado bovino ha sido considerado desde tiempos inmemoriales signo de riqueza y de posición social, identificándolo con deidades; incluso el toro o el buey aparecen en multitud de leyendas de apariciones de vírgenes negras que fueron encontradas mientras estos animales trabajaban en el campo. La serpiente no ha tenido siempre el signo negativo que tiene en la actualidad. Debemos recordar que está presente en el símbolo de la farmacia (pharmakos, fórmula mágica de destierro; hombre de la antigua Grecia elegido para depurar las culpas de los demás) luego no tendría que ser tan mala o algún signo positivo tendría cuando fue utilizada por este gremio de personas curanderas o sanaderas.




         Sin que sirva de precedente ni crear o ejercer de proselitista por ser quién es quién os habla, debo recordar que la mayoría de las antiguas iglesias están repletas de esculturas de animales, tanto reales como fantásticos. Ambos tipos de animales, o seres animales, están ahí representados porque tratar de expresar o significar alguna cualidad positiva o negativa del ser humano. Osos, perros, conejos, aves, serpientes, toros, leones, monos, ciervos, águilas, sirenas, dragones, centauros, grifos, basiliscos, arpías. Todos ellos tratan de expresar defectos y virtudes del ser humano, y están expuestos en los templos e iglesias para la enseñanza del hombre que asiste a oficios religiosos en las mismas, ya que era el único modo que tenían de aprender y asimilar esas virtudes y esos defectos, comparándolos con ciertos animales, fruto de una convivencia lejana en el tiempo y una observancia constante y permanente.

         Pero los animales no eran utilizados solamente para enseñanza de virtudes y defectos. También eran utilizados como chivos expiatorios, animales que cargaban con las culpas de toda una comunidad y, con su muerte o sacrificio, la purificaban y la libraban de todos sus pecados y culpas. No se trataba de una crueldad, sino que era un asunto puramente mágico-religioso: el sacrificio de un animal para que se llevase con su muerte todas las negatividades de la comunidad. Dado que demonios y espíritus malignos eran invisibles e impalpables se decidió reencarnarlos en algo concreto para poder manipularlos a gusto del hombre. Para ello utilizaron toros, terneros, corderos, cabritos, etc. Además, estos sacrificios y limpiezas generales de demonios o espíritus malignos se realizaban en fechas fijas, una vez al año, para que la gente pudiera gozar de una nueva vida libre de toda influencia maligna habidas durante todo el periodo anterior.

         ¿Y si en lugar de utilizar como chivo expiatorio un animal utilizamos a un ser humano, a un hombre? Ya hemos hablado del pharmakos de la antigua Grecia, pero quizás el chivo expiatorio más conocido por todos que utiliza a un hombre en vez de un animal es Jesucristo (sigo sin tratar de ser proselitista; tan sólo son ejemplos, que en este caso me tocan a mí de lleno), que es llamado o interpelado como “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo”. Todos ellos, tanto animales como hombres, cuando son utilizados como chivos expiatorios son vejados, insultados, golpeados, vituperados antes de ser ejecutados. Siguiendo con el ejemplo de Jesucristo, el evangelista San Mateo, en su evangelio, ya lo decía cuando auguraba: “… y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán.” (Mt 15, 17-20). Eso sucede hoy día en las fechas de la Pascua, que, como todos sabemos, coincide con el primer domingo que hay luna llena después del equinoccio de primavera (21 de marzo). Y esta fecha no está escogida al azar, sino que el inicio de la primavera coincide con el final del invierno, fecha en la que el ciclo agrario estaba prácticamente muerto, y el sol era cuando comenzaba a aumentar los días de luz; es decir, se terminaba una  etapa aciaga para el ser humano (invierno, frío y poco sol) para comenzar otra nueva (primavera, resurrección de la luz y la naturaleza). Era como dejar atrás un año viejo y comenzar un año nuevo (no debemos olvidar que en la antigüedad, el año nuevo no comenzaba como hoy día el 1 de enero, sino que lo hacía el 1 de marzo). Ahí era donde actuaba el chivo expiatorio: dejaba atrás todo lo malo y pernicioso de esa comunidad y comenzaba una nueva vida llena de buenas intenciones y mejores augurios.

         Romajeros de Nuñomoral, de las Hurdes, Carantorias de Achuches, Carochos de Sarracín de Aliste, Negritos se Montehermoso, Diablucos de Helechosa de los Montes, Jarramplas del Piornal, Cofrades del Corpus de Peñalsordo, Diablos de Almonacid del Marquesado, Virtudes y Pecados del Corpus de Camuñas y, apurando un poco más, … penitentes se Semana Santa tocados con cucuruchos, los nazarenos. Algunos os estaréis preguntando que qué tienen que ver todos estos grupos o personajes con el tema que estamos tratando. La respuesta es muy sencilla: son botargas, personas, individuales o grupos, que forman chivos expiatorios para eliminar negatividades de un tiempo pasado de una comunidad y comenzar a construir un nuevo futuro libre de pecados y prejuicios. Fin de un viejo periodo y comienzo de uno nuevo, periodos que siempre coincidían con un mismo tiempo: fin del invierno, comienzo de la primavera, que realmente era el comienzo de un nuevo ciclo agrario, fundamental para la subsistencia del ser humano.

 

         Todos esos grupos o individualidades nombrados anteriormente han perdurado hasta nuestros días, convirtiéndose en la mayoría de los casos en fiestas de interés turístico … no sé qué,  tan prolijas hoy día propias del aburrimiento del ser humano y su constante búsqueda de nuevas atracciones que le hagan soportar su aburrida y plana vida actual. Además, todas ellas tienen en común que no utilizan animales como chivos expiatorios, sino que es el propio ser humano el que, disfrazado, aleja o elimina esas negatividades y atrae a otras nuevas más positivas y fecundas.

         Sin embargo, de todas las fiestas de este tipo que en España, o incluso en el mundo,  han llegado hasta nuestros días hay otras que sí utilizan a los animales como chivos expiatorios y sí que son vejados, insultados y, posteriormente, matados o eliminados, y, como las nombradas anteriormente, también son realizadas en fechas fijas según la comunidad o territorio y con los mismos fines y fundamentos. Toro de la Vega, encierros de Brihuega, descabezamiento de gansos colgados por las patas, lanzamiento de una cabra desde el campanario de una iglesia, toros tirados o empujados al mar, correbous o toros embolados. Todos ellos tienen en común que son realizadas en fechas fijas en el calendario coincidiendo con ese ciclo de fin de invierno y comienzo de la primavera y el verano, con la Pascua o bien coincidiendo con fiestas patronales en conmemoración de determinado santo o santa, siendo conscientes que hay multitud de fiestas y onomásticas de santos que en la actualidad se celebran en fechas diferentes a las originales o que bien han sido sincretizadas por la Iglesia Católica y cambiadas de advocación y fecha, aunque la comunidad que las celebra haya mantenido esas tradiciones ancestrales de chivos expiatorios.

         Pero lo que de verdad hoy día tienen todas ellas en común (las que utilizan animales como chivos expiatorios) es la unión de una determinada minoría para tratar de eliminarlas y abolirlas aduciendo el sufrimiento del animal y creando una determinada Sociedad Protectora de … para defender tal eliminación, sin ni tan siquiera pararse a pensar lo que de verdad representa para esa sociedad o para esa comunidad que las celebra año tras año.

         Es cierto que las sociedades van cambiando, pero también es cierto que las personas o los seres humanos que forma parte de esas sociedades también son más proclives a cambiar lo que no les gusta por el mero hecho de hacer algo, de querer hacer algo porque realmente no tienen nada que hacer, y con ese trabajo tienen la excusa perfecta para perder el tiempo y asegurar, muy dignos ellos, que no cuentan con un momento libre para leer, jugar con sus hijos o, simplemente, enterarse de  los programas políticos de los partidos antes de votar. Son fanáticos de todo tipo que van dando bandazos de cualquier signo para conmover a gente del montón y que ésta sienta lástima por la frágil condición humana que tan fácilmente se deja inflamar por el tonto o el  interesado de turno. Para este tipo de gente cualquier causa puede degenerar en religión (su religión) y, por tanto, exigir su hoguera de infieles, que en ese caso no es otra que las asociaciones o personas que fomentan o realizan todas esas fiestas de periodos con chivos expiatorios. No podemos ni debemos perder de vista todo lo acontecido últimamente con la muerte de un torero en una plaza de toros, donde tanto el torero muerto como su viuda han sido insultados, vejados y ofendidos en las redes sociales después de su muerte. Sé que no es lo mismo, que no estamos hablando de una fiesta del tipo que estamos comentando, pero pone de manifiesto, expresa de maravilla y define perfectamente esa hoguera de infieles, además de aclararnos, y sin miedo ni posibilidad de equivocación, cómo se llaman esta tipo de personas, quienes son, cómo son y lo que son: gentuza que mancilla el dolor de una viuda cuyo esposo no compartía los mismos sentimientos.

         Estos animalistas inquisidores no tienen el menor remordimiento en rodearse de tontos bobalicones para convencerlos y tratar de conseguir sus ocultos fines que no son otros que la abolición de todas estas fiestas ancestrales. No dudan un solo instante en protestar donde les venga en gana, sin reparos ni respeto hacia las personas que anualmente celebran este tipo de fiestas. Prefieren perder el tiempo persiguiendo herejes contrarios a sus ideas que disfrutando de lo que tienen, y no dudan en crear una Sociedad Protectora de … para convencer tontacos y abolir dichas fiestas. Pero a las personas que están a favor de dichas fiestas, o al menos no son contrarias, ¿quién las protege de estos pseudoinquisidores de pacotilla? ¿Tan honrados y tan pulcra y limpia tienen su conciencia como para tratar de convencer que hay personas que por el mero hecho de no pensar como ellos son mala gente y obligarles a pensar como ellos? ¿Es su verdad la verdad suprema? ¿Toda la sociedad está limpia salvo los “desalmados” que celebran fiestas utilizando animales en ellas? ¿Qué saben ellos de cultura ancestral, de fiestas paganas, de sincretismos, de calendarios agrícolas? Realmente, ¿qué saben? Ahí está el daño: en su incultura.

         La incultura, el aburrimiento,  la ociosidad, el tener que hacer algo por hacer, el hablar por tener que decir algo (que no es lo mismo que tener algo que decir), la irresponsabilidad en sus obligaciones laborales, familiares y sociales. Todo ellos contribuye a crear su propia Sociedad Protectora de …, protestar, humillar y ofender a quienes no piensan como ellos, y ponerse una venda negra en los ojos y ocultar y trivializar a la verdadera gentuza que pulula y campa a sus anchas en nuestra sociedad actual. Personas convictas o investigadas por corrupción dirigiendo instituciones o administraciones, entrando y saliendo de la cárcel como si fuera su casa; estafadores y defraudadores sacando y ocultando dinero aplaudidos por infinidad de personas envidiosos de no poder ellos hacer los mismo; alta valoración de la mala educación de políticos y esperpentos televisivos y denostación de la buena educación, tratada como un signo de debilidad; admiración de la vulgaridad; jactancia de la mayoría de las personas de no tener el más mínimo interés en las ciencias ni en las humanidades, además de declarar alto y fuerte donde haga falta que no lee ni un solo libro (el Marca como mucho y sólo los “santos”); tener a la picaresca, el esperpento y la  diversión excesiva como nuestros mayores genes identificativos. Todo esto es lo que realmente los protectores de animales ocultan con sus actos cochambrosos. Protegen animales, tratan de abolir fiestas, y sin embargo hacen la vista gorda y oídos sordos a todo lo que de verdad está degradando, humillando y vejando a toda una sociedad que quiere seguir celebrando una fiesta que sus antepasados crearon a modo de acción de gracias. Estos déspotas no conocen sus miserias. Actúan con poder autoritario tratando de hacer la vida imposible a los porqués. Utilizan un lenguaje rayando la cursilería para defender lo suyo, pero otro lenguaje rayando lo delictivo para referirse a los impuros, a los herejes, a sus herejes.


         Y ahora nuevamente la misma  pregunta: ¿quién protege a la sociedad y a su pacífica población de estos personajillos dañinos, malignos y perniciosos? ¿Hay que crear una Sociedad Protectora de la Buena Persona para defenderse de esta lacra social? ¿Ser Buena Persona es una bajeza social? ¿Defender cada uno sus propias ideas y sus propios hechos han pasado a ser considerado como un hereje social? ¿El querer asistir y celebrar determinados acontecimientos sociales, culturales o festivos es una bajeza humana castigada con los peores castigos del infierno? ¿Las Buenas Personas deben estar protegidas por estar en peligro de extinción? ¿La personalidad y el ser uno mismo está en peligro de extinción? El contestar a todas estas preguntas muestra donde está realmente y actualmente nuestra sociedad.

         Mi colega fémina Madre Teresa de Calcuta ya lo dijo en su día: “Si miro a la masa, no actuaré; si miro al  individuo, entonces sí.”