lunes, 7 de septiembre de 2020

ICONOGRAFÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (II)

 


Santísima Trinidad

            Fides ómnium christianorum in Trinitate consistit” (La fe de todos los cristianos se cimenta en la Santísima Trinidad. S. Cesáreo de Arlés).

            El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe. Solo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por lo tanto, esta creencia afirma que Dios es un ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas o hipostásis[1]: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres personas de la Trinidad son realmente distintas pero solo un Dios verdadero, tal y como aprendimos en el catecismo cuando lo memorizábamos como paso previo y “obligatorio” para hacer la Primera Comunión. Esto es algo posible de formular pero inaccesible a la razón humana; de ahí que se le considere un misterio de fe.

            Los cristianos son bautizados en el “”nombre” del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y no en los “nombres” de éstos, pues no hay más que un solo Dios, el Padre todopoderoso, su Hijo único y el Espíritu Santo: la Santísima Trinidad. El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo no hay tres dioses, sino un solo Dios. En esta Trinidad, las Personas son coeternas y coiguales; todas, igualmente, son increadas y omnipotentes.

            La Trinidad es una; la unidad divina es Trina, por lo que a causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo. Cuando se habla de estas tres personas se cree en una sola naturaleza o substancia; se dice entonces que la Trinidad es consubstancial: las tres Personas tienen la misma esencia, la misma naturaleza divina, la misma sustancia.

            Podemos observar que la palabra sustancia es utilizada reiteradamente cuando se habla de la Santísima Trinidad. El motivo se debe a una terminología propia que la Iglesia debió crear cuando formuló el dogma de la Santísima Trinidad. Términos como “substancia”, “persona”, “hipostasis”, o “relación” tienen nociones de origen filosófico y su utilización por parte de la Iglesia desvincula la fe de la sabiduría humana, y asigna un sentido nuevo a estos términos, utilizados para significar un misterio inefable, “infinitamente más allá de todo lo que podemos concebir según la medida humana”, en palabras de Pablo VI.

            Si nuevamente hacemos uso del diccionario de la lengua de la R.A.E., la palabra substancia o sustancia (es la misma palabra en dicho diccionario) viene a significar ser, esencia o naturaleza de algo, aquello que permanece en algo que cambia, aquello que constituye lo más importante de algo. Otra acepción sería la de una realidad que existe por sí misma y es soporte de sus cualidades o accidentes. La Iglesia, sin alejarse demasiado de estos significados, utiliza el término “substancia” (traducido a veces como “esencia” o “naturaleza divina”) para designar el ser divino en su unidad, ya que el problema central del dogma trinitario es justificar la decisión entre “substancia única” y triple “personalidad”. El término “persona” o también llamado “hipostasis” lo utiliza para designar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en su distinción real entre sí. Ya en el primer concilio ecuménico de Nicea, celebrado en el año 325 a.C., se redactó el credo niceno, vigente casi en su totalidad en la actualidad, y en el cual se decía, y se dice: “… luz de luz, …, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consubstancial al Padre, …”, y que en la actualidad recitamos: “… de la misma naturaleza del Padre, …”, sustituyendo “consubstancial” por “de la misma naturaleza”, muestra tipo de la utilización que hace la Iglesia de esta palabra.

Imagen alegórica del Primer Concilio de Nicea (325).

Sin embargo se muestra el texto del credo niceno constantinopolitano

 del Primer Concilio de Constantinopla (381)

 con el inicial πιστεύομεν (creemos)

 sustituido por πιστεύω (creo), como en la liturgia.

            Los Padres de la Iglesia distinguen entre la “Theología” y la “Oikonomía”. Designan al primer término como el misterio de la vida íntima de Dios-Trinidad, mientras que al segundo lo utilizan para designar todas las obras de Dios por las que se revela y comunica su vida. Por la Oikonomía nos es revelada la Theología; inversamente, es la Theología quien esclarece toda la Oikonomía. Las obras de Dios revelan quién es en sí mismo; inversamente, el misterio de su ser íntimo ilumina la inteligencia de todas sus obras. Lo mismo podría decirse de las personas humanas: la persona se muestra en su obrar, y a medida que conocemos mejor a una persona, mejor comprenderemos su obrar.

            Dios, además de poseer vida íntima, trata de explicarnos el misterio de la divinidad en forma de obras; podríamos equipararlas a procesiones: algo que sale de otro e implica cambio y movimiento. Puesto que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios Uno y Trino, la mejor analogía con las procesiones divinas la podemos encontrar en el espíritu humano, donde el conocimiento que tenemos de nosotros mismos no sale hacia afuera. El concepto que nos hacemos de nosotros mismos es distinto de nosotros mismos, pero no está fuera de nosotros. Juan Escoto Eriúgena, filósofo de época medieval, explicaba con estas palabras el conocimiento de nuestro propio ser: “Pues yo sé que existo, y sin embargo el conocimiento de mi me precede. Puesto que yo no soy distinto del conocimiento por el que yo me conozco; y si yo desconociera que yo existo, conocería el desconocer que yo existo. Y por eso, sepa o no sepa que yo existo, no careceré de conocimiento: en efecto, permanecerá en mí el conocer mi propia ignorancia”.

            Este proceder divino, esta procesión divina es algo que Dios obra hacia fuera de sí. El Padre engendra al Hijo donándole a Él, entregándole su substancia y su naturaleza, no en parte como acontece en la generación humana, sino perfecta e infinitamente. Lo mismo puede decirse del Espíritu Santo, que procede como el Amor del Padre y del Hijo. Procede de ambos porque es el Don eterno e increado que el Padre entrega al Hijo engendrándole, y que el Hijo devuelve al Padre como respuesta a Su Amor. Este don es un don en sí, porque el Padre engendra al Hijo comunicándole total y perfectamente su mismo Ser mediante el Espíritu. La Tercera Persona es, por tanto, el Amor mutuo entre el Padre y el Hijo, la que guía a la Iglesia hasta el conocimiento de la “verdad plena”, que procede como la voluntad que se mueve hacia el Bien conocido.

            Al contrario de lo que sucede en el mundo creado, donde las relaciones son accidentales en el sentido de que sus relaciones no se identifican con su ser aunque lo caractericen en lo más hondo, en el caso de la filiación en Dios, puesto que en las procesiones o proceder divino es donada toda la substancia misma, las relaciones son eternas y se identifican con la substancia misma. Esto es lo que ocurre en las tres relaciones Padre, Hijo y Espíritu Santo: no solo son eternas, sino que se identifican con las tres personas divinas, puesto que pensar en el Padre quiere decir pensar en el Hijo; y pensar en el Espíritu Santo quiere decir pensar en aquellos respecto a los cuales Él es Espíritu. Así, las Tres Personas divinas son tres Alguien pero un único Dios, no como se da entre tres hombres, que participan de la misma naturaleza humana sin agotarla. Las Tres Personas son cada una toda la Divinidad, identificándose con la única Naturaleza de Dios. Las Tres Personas son Una en la Otra. El Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Por eso Jesús dice a Felipe que “… quien le ha visto a Él ha visto al Padre.[2]  en cuanto que Él y el Padre son una sola cosa[3].

            Jesús, cuando se dirige al Padre en su oración, lo hace con el término “Abbá”, término usado por los niños israelitas para dirigirse a su propio padre. En el Antiguo Testamento, Yahwé era como un padre, pero después de haber hablado muchas veces por medio de los profetas, Dios habló por medio de su Hijo, revelando que Yahwé no sólo era “como” un Padre, sino que “es” Padre, indicando con ello que Dios es origen primero de todo y autoridad transcendente. Este lenguaje de la fe se sirve así de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Los padres humanos son falibles y pueden desfigurar la imagen de la paternidad; Dios trasciende la paternidad: nadie es Padre como lo es Dios. Por eso Jesús ha revelado que Dios es “Padre” en un sentido nuevo: no solo lo es en cuanto es Creador; Él es eternamente Padre en relación a su Hijo único, el cuál eternamente es Hijo en relación solo a su Padre. “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo y aquel a quién el Hijo se lo quiera revelar.[4].

Abbá

Toda la vida de Jesús es revelación del Dios Uno y Trino: en la anunciación, en el nacimiento, en su muerte, en su resurrección; Jesús se revela como Hijo de Dios. Al comienzo de su vida pública, en el momento de su Bautismo, el mismo Padre atestigua al mundo que Cristo es el Hijo Amado y el Espíritu desciende sobre Él en forma de paloma. Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío del Espíritu Santo. Éste estará ahora junto a los discípulos y en ellos para enseñarles y conducirlos hasta la verdad completa. El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre. Es enviado a los apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre. El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús revela en plenitud el misterio de la Santísima Trinidad.

            La Iglesia reconoce al Padre como fuente y origen de toda divinidad. Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: “El espíritu santo, que es la Tercera Persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma substancia y también de la misma naturaleza. Por eso no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el Espíritu del Padre y del Hijo.” (Concilio de Toledo, año 675 a.C.) Así mismo, el credo del Concilio de Constantinopla (381 a.C.) confiesa: “Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria.”. Hay una mutua y eterna relación del Amor que sale del Padre, toma del Hijo que es el Espíritu Santo. En último término, el Espíritu Santo es el amor recíproco que une en eterno diálogo al Padre y al Hijo y a nosotros mismos con ellos. Se puede decir que Dios en su vida íntima es Amor, que se personaliza en el Espíritu Santo.

            La fe católica es ésta: que veneremos un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, no confundiendo las personas ni separando las substancias: una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo, pero del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo una es la divinidad, igual la gloria y coeterna la majestad. Las personas divinas, inseparables en su ser, son también inseparables en su obrar. Pero en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la Encarnación del Hijo, y del don del Espíritu Santo.

            Según esta doctrina:

  • El Padre es increado e inengendrado, aunque es quien engendra. Es la Divinidad generadora. Se le atribuye la Creación.
  • El Hijo no es creado sino engendrado eternamente por el Padre. Es la divinidad generada. Se le atribuye la Redención.
  • El Espíritu Santo no es creado ni engendrado, sino que procede eternamente del Padre y del Hijo (según las iglesia católica romana) o sólo del Padre (según la iglesia católica ortodoxa). Es la divinidad procedente. Se le atribuye la Santificación y habita en los corazones de los fieles con el don de la caridad.

Toda actuación de Dios en la historia es obra conjunta de las Tres Personas, puesto que se distinguen solo en el interior de Dios, aunque cada una imprime en las acciones divinas externas su característica personal; se podría decir que la acción divina es siempre única. Esto lo podríamos asemejar a una familia amiga, que es fruto de un solo acto, pero para quien conoce a las personas que forma esa familia, es posible reconocer la mano o la intervención de cada una por la huella personal dejada por ellas.

Familia

La Santísima Trinidad es el misterio del Padre que eternamente engendra al Hijo en el Amor del Espíritu Santo. Sería el modelo originario de la familia humana. Cada persona ha sido creada a imagen y semejanza de la Santísima Trinidad, y está hecha para vivir en comunión con los demás hombres y, sobre todo, con el Padre Celestial.

            La perfecta unidad de las Tres Personas divinas es el vértice trascendente que ilumina toda forma de auténtica relación y comunión entre nosotros, seres humanos.”[5]. No se trata de que queramos entender el misterio de la Santísima Trinidad; esto es imposible. Jesús nos reveló ese misterio para mostrarnos el modelo de lo que deben ser las relaciones humanas de los cristianos. Nosotros debemos aportar nuestro granito de arena para mejorarlas y así vivir la unidad querida por Jesús “… que todos sean uno.”.

 

Clausula Filioque

            ¿Quién no se ha preguntado alguna vez por qué la Iglesia Ortodoxa celebra sus fiestas litúrgicas en otras fechas que la Iglesia Católica? ¿Por qué no se llevan bien ambas comunidades (no quiero decir que sus respectivos feligreses estén reñidos o enfrentados y se hayan perdido el respeto)? ¿Por qué esa separación si ambas, básicamente, tienen los mismos dogmas de fe, y creen en un mismo Dios? Las respuestas a estas preguntas tienen bastante complejidad, pero considero que sí se puede afirmar con cierta rotundidad que uno de los motivos de esa división o separación se encuentra en la Santísima Trinidad; más concretamente en lo que se ha venido llamando la “Clausula Filioque”.

            La clausula Filioque, o cuestión del Filioque, tuvo la importancia necesaria como para formar la base fundamental de las razones por las que se produjo el denominado “Cisma de Oriente”, la separación, como se ha sugerido, entre la Iglesia Católica de Roma y la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, separación que aún hoy día sigue vigente, aunque tanto el pontífice anterior, Benedicto XIII, como el actual, Francisco, han tratado de acercar posturas con escasos resultados por el momento.[6]

            La palabra latina “filioque” significa “… y del Hijo”, palabra incluida en el credo niceno-constantinopolitano que alude a la procedencia de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad: el Espíritu Santo. En concreto, la frase de la controversia en latín sería: “… qui ex Patre filioque procedit.”.

            El germen de todo este conflicto está en el siglo IV, en las sucesivas herejías[7]  que surgían en torno a la procedencia fundamentalmente del Hijo con respecto a Dios Padre. La corriente pensadora más crítica de aquellos años era el arrianismo, corriente fundada por Arrio (250-336), sacerdote formado en Antioquía y ordenado en Alejandría. Este sacerdote sostenía, en torno al año 319 a.C., que el Hijo no era coigual o coeterno con el Padre, sino sólo el primero y el más elevado de todos los seres finitos, creado de la nada por un simple acto de la libre voluntad de Dios. Para él, Dios Padre y Dios Hijo son dos personas distintas con una sola esencia. El Padre era eterno, la fuente de toda creación; el Hijo era creado, la primera y más importante de las criaturas del Padre, y por lo tanto, inferior a Él en dignidad. Esta corriente tuvo mucha influencia tanto en las iglesias de oriente como en las de occidente, generando verdaderos conflictos y litigios entre todas ellas.

Arrio

            Para tratar de calmar los ánimos y resolver los conflictos creados, el emperador Constantino convocó un concilio en el año 325 en la ciudad de Nicea, cerca de Constantinopla, el 20 de mayo, en la mañana de las fiestas de conmemoración de su victoria sobre Licinio, su rival. Esta asamblea ha pasado a la posteridad como el Primer Concilio Ecuménico (Universal), conocido como el I Concilio de Nicea. En este concilio, todos los obispos asistentes, trescientos según crónicas de la época (aunque imposible de confirmar ni siquiera en parte), debatieron cuestiones legislativas necesarias de resolver una vez terminada la persecución cristiana. Se aprobaron una serie de reglas, entre otras, relativas al modo en que los presbíteros y obispos debían ser elegidos y ordenados. Pero la cuestión más escabrosa era, justamente, la cuestión o corriente arriana.

            Después de tensos debates, e incluso alguna que otra agresión física entre obispos y presbíteros sobre la interpretación a su modo de diferentes citas bíblicas para resolver dicho conflicto, se llegó a la conclusión de la redacción y composición de un credo que expresara la fe de la Iglesia en las cuestiones que allí se estaban debatiendo. Finalmente se llegó a la fórmula del Credo de Nicea, o Credo Niceno, el credo cristiano más universalmente aceptado con el añadido de algunas clausulas. Debemos tener en cuenta que dicho credo no alude en modo algunas cuestiones trinitarias ni del Espíritu Santo, ya que, fundamentalmente, se compuso para combatir la herejía arriana. Por lo tanto, en él no se habla nada de la clausula filioque.

            Las primeras formulaciones trinitarias que aluden e incorporan la procedencia del Espíritu Santo aparecen en el año 374 de la mano de Epifanio, obispo de Salamina, cuando escribe:”… Espíritu Paráclito, increado, que procede del Padre y recibido por el Hijo y creído…”, continuándose en el año 381 con el Concilio de Constantinopla, en el que continúan debatiéndose y elaborándose un elenco de cuestiones indiscutibles de la fe. En dicho concilio se estableció lo que dicta el evangelio de San Juan, XV, 26, que el Espíritu Santo procede del Padre: “Credo in unum Deum … et in Spiritum Sanctum … qui ex Patre procedit.” (Creo en un solo Dios … y en el Espíritu Santo … que procede del Padre). Con ello se da origen básicamente al Credo Niceno-Constantinopolitano, credo largo, recitado hoy día.

            Sin embargo, la clausula filioque no fue añadida tampoco en este Concilio de Constantinopla. Hubo que esperar al Sínodo III de Toledo del año 589 para que fuera añadida, aunque para ello, el credo niceno-constantinopolitano tenía que adquirir carácter normativo, hecho que ocurrió en el IV Concilio Ecuménico celebrado en Calcedonia en el año 451.

            El III Sínodo de Toledo fue convocado por el rey visigodo Recaredo, y en él tuvo lugar la solemne conversión de los visigodos al catolicismo. Además, en este mismo Sínodo se produjo la añadidura del término “filioque” por el que se declaraba que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, quedando el texto como sigue:” Credo in Spiritum Sanctum qui ex Patre filioque procedit” (Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo).

            Pero como tantas veces ha ocurrido con temas de cierta envergadura y de difícil consenso, el tema de la clausula filioque no quedó zanjado definitivamente en dicho sínodo, ya que esta aseveración provocó importantes disidencias, por lo que de nuevo el Papa lo eliminó, dejando el credo como estaba, en el sentido de aseverar que el Hijo y el Espíritu Santo procedían del Padre. En el año 809, Carlomagno también tomó partido en este asunto y convocó el Sínodo de Aquisgrán, en el cual se solicitó al Papa León III que dicha clausula fuera aceptada por toda la Iglesia mediante su definitiva inclusión. Sin embargo, en contra de todo pronóstico, dicha clausula fue rechazada, más por temor a la modificación de la formulación del misterio de la fe que por estar en contra de dicha doctrina.

Coronación de Carlomagno por el Papa León III

            Entretanto, las Iglesias de Roma y de Oriente continuaban divididas. La Iglesia de Oriente admitía solo la procesión del Padre, ciñéndose a la formulación original del año 325, olvidando el contexto occidental en que se había ido formando con el paso de los siglos la inclusión del filioque. Ello derivó en la ruptura total en el año 1054. Ambas Iglesias se separaron en el llamado Cisma de Oriente, separación que aún hoy día continua, siendo quizás la mayor diferencia el establecer cuál es la relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo; es decir, su procesión o procedencia. En definitiva, el filioque o clausula filioque.

            La Iglesia de Roma o Iglesia de Occidente celebró después de esta ruptura o separación otros dos concilios más para, entre otras cosas, apuntalar la clausula filioque, y reconocer la validez universal de dicha formulación.

            En el II Concilio de Lyon, celebrado el 18 de mayo del año 1274, se formuló la constitución acerca de la excelsa Trinidad y de la fe católica en los siguiente términos: “Confesamos con fiel y devota profesión que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, no como dos principios, sino como de un solo principio; no por dos aspiraciones, sino por una única aspiración.”. En el concilio de Florencia, celebrado en el año 1439 se añadió: “Definimos, además, que la adicción de la palabra Filioque fue lícita y razonablemente puesta en el Símbolo, en gracia de declarar la verdad y por necesidad entonces urgente.”.

            Anteriormente al afianzamiento de ese misterio de fe por ambos concilios, durante la coronación como emperador del Sacro Imperio de Enrique II en el año 1014, se recitó por primera vez en la historia el credo con la inclusión de la clausula filioque, previa solicitud de dicho rey al Papa Benedicto VIII, solicitud que fue aceptada por el pontífice. Esa autorización no debió gustar en demasía a la Iglesia de Oriente, ya que cuarenta años después se separó definitivamente de la Iglesia de Roma.


[1] Supuesto o persona, especialmente de la Santísima Trinidad.

[2]  Jn XIV, 6

[3] Jn X, 30

[4]  Mt XI, 27

[5] Juan Pablo II. Creo en Dios Padre, pag. 170

[6] Muy difícil está el asunto si nos atenemos a esta cuestión o controversia como vamos a ver más adelante; es sólo una opinión personal mía.

[7]  Hoy tratadas de herejías, pero en ese siglo tan sólo eran controversias o corrientes pensadoras, ya que no se había establecido aún el cristianismo como religión oficial de todo el imperio romano o de lo poco que quedaba de él.


sábado, 5 de septiembre de 2020

ICONOGRAFÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (I)

 


A modo de introducción

          Todos y cada uno de nosotros, a día de hoy, no sabemos a ciencia cierta cuántas veces hemos asistido a una celebración litúrgica cristiana, pero siempre que lo hemos hecho, de una manera u otra, al comenzar, al terminar o en ambos momentos, hemos empleado las siguientes palabras: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” Cuando somos bautizados o participamos de la liturgia del bautismo, el cristiano que va a profesar dicho sacramento es bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tal y cómo Jesús exhortó a sus discípulos según Mateo XXVIII, 19-20: “Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.” Tanto en el bautismo como en la cita evangélica de Mateo se está aludiendo a la Santísima Trinidad, al dogma de la Trinidad, uno de los pilares de la fe cristiana.

            Pero no solamente al comenzar o terminar una celebración litúrgica aludimos a dicho dogma. La alusión a la Trinidad en todas las celebraciones litúrgicas, y en general en los sacramentos, es constante. Al comienzo de la misa se entona el Gloria, himno trinitario, y la plena eucaristía termina con la fórmula de alabanza a la Trinidad (doxología en jerga católica y eclesiástica): “ por Cristo … a ti Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, …”. Y qué decir del credo en el momento de la reafirmación de nuestra fe, verdadera oración de alabanza y aceptación del misterio de la Santísima Trinidad, causa de la verdadera controversia entre las Iglesias Ortodoxas y Católica que provocaron el Cisma de Oriente e hiciera que esa separación se prolongue en el tiempo hasta nuestros días.

            La Santísima Trinidad ha estado desde el principio en la raíz viva de la Iglesia, principalmente en el acto del bautismo. Está formulada en la predicación, en la catequesis y en las oraciones de la Iglesia. Estas formulaciones se encuentran ya en los escritos apostólicos, como este saludo recogido en la liturgia eucarística: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros.” (2 Cor, XIII, 13; 1 Cor XII, 4-6; Ef IV, 4-6). Sin embargo, la palabra Trinidad no se halla en la Biblia[1] aunque es un término útil para referirse a una enseñanza escritural importante con respecto a Dios, a saber, que nuestro Dios es una Trinidad. Esto significa que hay tres Personas en un único Dios, no que hay tres dioses. Las Personas son conocidas como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y han existido siempre como tres personas separadas. La Persona del Padre no es la misma que la del Hijo; la del Hijo no es la misma que la del Espíritu Santo; la del Espíritu Santo no es la misma que la del Padre. Si una de las personas fuese quitada no habría Dios. Dios ha sido siempre por la eternidad una Trinidad. Dios no es una persona que adoptó tres formas, es decir, no es el Padre que tornase en el Hijo y luego que el Hijo tornase en el Espíritu Santo, aunque tampoco es Dios una única Persona.

            Dios no es una única Persona, tampoco son tres Personas. Entonces, ¿qué es Dios? ¿Quién es Dios? ¿Cómo es Dios? ¿Qué, quién y cómo es esa Trinidad a la que aludimos? ¿Es lo mismo que Dios?

            Sinceramente, ni tengo las respuestas a esas preguntas ni soy la persona más indicada para contestarlas, ni incluso para buscar las respuestas a esas preguntas. Estas líneas tan sólo sirven para tratar de poner un poco de orden en ciertas ideas acerca de la Santísima Trinidad, acerca de un dogma poco entendible por las personas que profesan la fe católica y frontalmente rechazable por ateos y agnósticos e incluso por otras iglesias, religiones y movimientos religiosos. Tratar de poner en orden esas ideas sobre la Santísima Trinidad no quiere decir que las conclusiones que obtenga sean válidas; tan sólo son mis conclusiones, que pueden no ser válidas para el resto de las personas, ya que el dogma de la Santísima Trinidad es prácticamente imposible de comprender para la mente humana, inaccesible a la razón humana, por lo que se le considera un misterio de fe. Ya en su día, el teólogo Guillermo de Occan afirmaba la imposibilidad de la comprensión intelectual de la naturaleza divina y postulaba su simple aceptación a través de la fe. Juan Damasceno se pronunciaba en los mismos términos cuando afirmaba: “La razón no es una fuente de conocimiento y de verdad, sino que meramente nos permite acercarnos a la verdad. La única fuente de conocimiento y de verdad es la fe, según lo prueba el hecho de que, para quienes examinan las cosas divinas por medio de los razonamientos humanos y naturales, las cuestiones de fe son estúpidas, ya que todo lo que trata de Dios está más allá de la naturaleza, de la razón y de los razonamientos.”. Así de claro, así se simple, … y así de complicado.

San Juan Damasceno


     

Guillermo de Occam

            Por lo tanto, los errores que puedan aparecer en adelante, que puedan inducir a conclusiones heréticas o heterodoxas, son solo el fruto de un trabajo en vano o incluso la consecuencia de la vanidad y prepotencia de una persona que ha tratado de entender un dogma o misterio de fe a través de la razón humana. En este punto los teólogos medievales tenían su razón cuando afirmaban que a Dios no se puede acceder a través de la razón, justo lo que estoy tratando de hacer con estas líneas. Veremos qué es lo que sale, aunque mucho me temo que no va a ser muy convincente ni relevante.


Dogma

            Ya se ha dicho que el dogma de la Santísima Trinidad o dogma trinitario es inaccesible a la razón humana, además de ser uno de los más enrevesados que propone el cristianismo, y ser fuente de controversias y herejías, heterodoxias y problemas de toda índole a lo largo de los 2000 años de existencia cristiana. Pero … ¿sabemos lo que es un dogma? ¿Qué entendemos por dogma? Contestemos primeramente a estas preguntas ya que, esta vez sí, tenemos información suficiente para hacerlo sin temor a equivocarnos y sin caer en vanidades y prepotencias.

            Según el diccionario de la lengua española de la R.A.E., dogma es una proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia. En su segunda acepción de este mismo diccionario, dogma es una doctrina de Dios revelada por Jesucristo a los apóstoles y testificada por la Iglesia. Y en su tercera y última acepción de este mismo diccionario, un dogma es un fundamento o punto capital de todo sistema, ciencia, doctrina o religión. En su sentido más amplio y más común, un dogma es una doctrina sostenida por una religión u otra organización de autoridad que no admite réplica y no está sometida a prueba de veracidad impulsada por una autoridad práctica. Al ser tratado o calificado un dogma como doctrina, la enseñanza de un dogma o doctrina se conoce con el término de adoctrinamiento. Con el aumento de la autoridad de la Iglesia Católica, el dogma se convirtió en dogma teológico o dogma de fe, que todo creyente debe seguir sin estar sujeto a opinión.

            Todas las religiones tienen sus dogmas, no solo el cristianismo. El judaísmo y el islam, las otras dos grandes religiones monoteístas, también tienen sus propios dogmas, además del protestantismo, budismo e hinduismo.

            Centrándonos y focalizando el dogma o los dogmas en el catolicismo, que es lo que nos interesa, éstos son verdades reveladas definidas por la Iglesia Católica para su aceptación por parte de los fieles. Pero, ¿qué es una verdad revelada? Es una verdad perteneciente al campo de la fe o de la moral, revelada por Dios y transmitida por los apóstoles a través de las Escrituras o de la Tradición (recordamos la segunda acepción de la definición de dogma en el diccionario de la R.A.E.).

            La Iglesia Católica, o el Magisterio de la Iglesia Católica, tiene su punto de partida en las verdades divinas, afirmando que éstas siempre han existido. En el momento en que pueda surgir una duda o aparezca una desviación doctrinal acerca de cualquiera de ellas, reafirma dicha verdad a través de un dogma, ejerciendo plenamente la autoridad que tiene de Jesucristo. Dicho dogma o propuesta obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe.

            No ocurre lo mismo con las encíclicas escritas por el Papa, que no se consideran dogmas y, por tanto, no adquieren obligatoriedad, como la última encíclica del Papa Francisco. Éstas se consideran más orientaciones que la Iglesia Católica propone, pero sin llegar nunca a ser dogmas.

Papa Francisco

            Una de las mayores hostilidades que está padeciendo la Iglesia Católica es justamente la parte relacionada con los dogmas, el ser una religión dogmática, verdades reveladas definidas arbitrariamente por ella con el Papa a la cabeza. Su plena aceptación implica la infalibilidad del Papa, puesta de manifiesto y consagrada en acuerdos alcanzados en concilios ecuménicos medievales donde la figura del Papa era la de prácticamente jefe de toda la cristiandad, más allá de los poderes de los reyes. Con el paso del tiempo, dicha figura papal se ha ido diluyendo en las sociedades para quedar relegada a ser la cabeza visible de una religión monoteísta, eso sí, practicada por la mayoría de la población española y por gran parte de la población mundial. Como en tantas ocasiones en que se consiguen efectos contrarios a los inicialmente programados o propuestos, las hostilidades hacia la Iglesia Católica y hacia la figura del Papa no han hecho sino reforzar su figura dentro de la Iglesia y aumentar la admiración, consideración y afecto que los fieles cristianos tienen hacia el Papa, sobre todo al actual Papa Francisco. La prueba la tenemos en los viajes que realiza a diversas partes del mundo y a la cantidad de fieles cristianos que van a saludarlo y darle su apoyo, muestra inequívoca del carisma que esta figura tiene entre sus fieles.

 



[1] La palabra “Biblia” tampoco.


jueves, 9 de abril de 2020

SABÍAS QUE EN SEMANA SANTA ...


SABÍAS QUE EN SEMANA SANTA ...


- La Semana Santa no es igual cada año porque cada persona llega a ella de forma distinta, ya que cada año te han pasado cosas diferentes que hace que no llegues a ella de igual manera que el año anterior.

- La Semana Santa es celebrar la muerte, el conocer qué es lo que no conocemos, qué hay más allá, qué hay después de la muerte.

- La Semana Santa conmemora un doble acontecimiento: Pasión y Resurrección. Se enfrente a la celebración de la paradoja central del cristianismo. Evoca cómo sufrimiento, humillación y derrota habían de convertirse en victoria, redención y gloria, cuya premisa fue precisamente la catástrofe previa: el martirio del justo. La tragedia absoluta se convierte en romance heroico, liberación de la muerte a través de la muerte.

- La conmemoración se enfrente a un dilema: o bien se acentúa la dimensión trágica, el peso de la Pasión, algo que sólo puede lograrse diluyendo la anticipación del triunfo hasta "olvidar" la Resurrección; o bien se orienta hacia esta última, lo que atajaría el lado trágico. Se anticipa un final feliz, o al menos se devalúa la tristeza que lo precede. En el primer caso, se trata de rememorar el sacrificio con verdad, "olvidando" el horizonte de esperanza.

- Mientras la Iglesia sitúa en el centro de la liturgia la "Vigilia Pascual", la vuelta a la luz tras las cuarenta horas de oscuridad, las procesiones se centran, por el contrario, en ese tiempo de tinieblas. Desde la lógica religiosa, el acontecimiento central no es la Pasión, sino la Resurrección ("Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe". (1 Corintios 15, 14). De ahí que todo el ceremonial se oriente hacia ese momento; el Oficio de Semana Santa no es sino imprescindible preparación para ese momento, para la celebración del milagro, desde la iluminación al uso del espacio, se oriente a la vigilia nocturna en la que se produce el Acontecimiento que cambiaría el destino de la humanidad.

- En las procesiones hay una devaluación paradójica del Domingo de Resurrección. Se subraya el carácter de tragedia, y la imagen de su final venturoso se desdibuja.

- Existe un contraste marcadísimo entre la sobriedad de las ceremonias en el templo y el despliegue visual y sonoro de las procesiones.

SAN JUAN EVANGELISTA Y LA PALMA

San Juan Evangelista. Cuenca.

- San Juan, "discipulo amado", autor de cuarto Evangelio, tres Cartas y el Apocalipsis.

- Pescador de Betsaida, hijo de Zebedeo ¿?, hermano de Santiago, discípulo del Bautista y apodado "Hijo del Trueno". Participó con Pedro y Santiago de los episodios más significativos de la vida de Jesús, y en la Última Cena recostó su cabeza en el pecado de Jesús.

- Estuvo con María "junto a la cruz" (Jn 19, 25-27), y fue testigo, junto a Pedro, del sepulcro vacío: "... vió y creyó." (Jn 29, 8).

- "Junto a la cruz estaban su madre y la hermana de su madre, María, la mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo amado, a quién amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo." Luego dice: "Hijo, ahí tienes a tu madre".

-   Es uno de los tres apóstoles que acompañaron a Jesús en el monte Tabor durante su transfiguración, y en el monte de los Olivos durante su agonía.

- El brazo derecho extendido podría tener dos significados: o bien podría estar apuntando al horizonte, o bien estaría señalando a la Madre Dolorosa que viene tras él.

- El color verde representa la naturaleza, el renacimiento de ésta a la llegada de la primavera. La iconografía cristiana le otorga un significado de renovación espiritual manifestado explicitamente en el Evangelio de San Juan: "No te maravilles de que te dije Os es necesario nacer de nuevo." (Jn 3, 7).

- La palma que sostiene San Juan Evangelista no es la del martirio, sino la que le entregó el Arcángel  Gabriel, el mismo que le dio la noticia de la Anunciación ( también algunos autores hablan de ¿San Miguel?), traída del Paraíso, a la Virgen María el día que le anunció su pronta partida. Dicha palma debía llevarla por delante del ataúd. Ésta, en su lecho de muerte, le confió a San Juan para que llevase ante su féretro en el funeral.

- La Virgen María habló con él y le confió "esta vara de palma para que la lleves delante de mi féretro, pues ésto me ha sido ordenado", y le pidió que tomara el incienso y se pusiera en oración.

- San Juan, en un primer momento, rechaza llevar la palma delante del féretro, "no sea que haya murmuraciones y quejas entre nosotros".

- La palma es la rama del Paraíso, relacionada con la tradición cristiana de la Asunción de la Virgen a los cielos.

- A la muerte de la Virgen María, el primero en llegar fue San Juan, el discípulo predilecto, que estaba predicando en Éfeso.

- San Juan acompaño a María a Éfeso después de la muerte de Jesús, aunque no hay ningún documento que pueda apoyar dicha idea.

- San Juan, junto con la Virgen María, es lo que representa un "Calvario", estando ambos al pie de la cruz, partícipes del drama de la Redención.

- Atributos más característicos de San Juan Evangelista: Águila, la copa del veneno, el caldero de aceite hirviente y la palma del Paraíso.

- El águila le sirve de pupitre para escribir su Evangelio o le presenta un tintero en el pico. También el águila representa el alto valor teológico de sus escritos.

- En el ciclo de los apóstoles tiene como emblema la copa envenenada, de la que escapa el veneno en forma de dragoncillo. Este atributo apareció tardíamente en el siglo XIII. La copa envenenada con frecuencia tiene la forma de un cáliz donde, en lugar del dragón, encima del recipiente se representa una hostia.

- Copa o vaso del que sale una serpiente originado por la tradición cristiana que cuenta cómo el sumo sacerdote del templo de Diana de Éfeso (allí murió la Virgen María) le ofreció una copa envenenada que bebió después de bendecirla, no causándole ningún mal.

San Juan Evangelista. Cuenca.

VIRGEN DE LA SOLEDAD (SOLEDAD DE MARÍA)

                     
     Virgen de la Soledad. Cuenca                         Virgen de la Soledad. Zamora

- Diego Díaz Herrero sostenía que fue el Papa Inocencio en señalar que el sábado era un día dedicado a honrar a la Virgen en recuerdo a los dolores y soledad que sufrió durante la sepultura de su hijo, extremo luego confirmado por el Concilio de Clemont en el año 1069, durante el pontificado de Urbano II, en el cual se concluía señalando que "la razón principal por la que dedicamos esta día (sábado) a la Santísima Virgen, es para acompañar en aquella soledad después de la muerte de Cristo, y para celebrar su constancia en la fe de la Resurrección, cuando esta fe se había extinguido o debilitado tanto casi en todos los discípulos de Jesús".

- A Isabel de Valois, llamada por el pueblo Isabel de la Paz, tercera esposa de Felipe II, se debe el origen del modelo iconográfico más habitual de la Virgen de la Soledad. Fue camarera de esta reina la condesa viuda de Ureña, quién sugirió vestirla tal y cómo lo hacían las viudas del momento: túnica blanca cerrada y larga hasta los pies, tocas blancas al estilo monjil alrededor de la cabeza, y manto negro amplio.

- La devoción a la Virgen de la Soledad de María es típicamente hispana.

- Las cofradías de la Soledad de María están directamente relacionadas con la función del descendimiento y la procesión del Santo Entierro. Estas cofradías realizaban sus actos principales en la tarde-noche del Viernes Santo, clausurando el ciclo de procesiones de Semana Santa a la espera de la Pascua.

- La soledad de la Virgen María concluyó en el mismo momento en que Jesús resucitó.

- Algunos autores consideran que María nunca había dudado de la certeza de la promesa hecha por su Hijo de que a los tres días resucitaría del sepulcro.

Virgen de la Soledad. Cuenca de Campos. Valladolid.


TENEBRARIUM (TENEBRARIO)

Tenebrario o Tenebrarium. El Parral. Segovia

- Durante los tres últimos días de la Semana Santa (Triduo Pascual), ya caída la tarde, se cantaban los salmos acostumbrado en las principales iglesias.

- El Oficio de Tinieblas, Officium Tenebrarum, que no es otra cosa que el canto o  rezo de las horas litúrgicas Maitines y Laudes del Jueves, Viernes y Sábado Santos, trasladados a la víspera, siempre al atardecer, para posibilitar la mayor asistencia de fieles cristianos. Con el cántico de las diversas antífonas, responsorios y salmos, y con las lecturas correspondientes al Triduo Saco, se va recordando la Pasión de Cristo, su agonía y muerte, y sus exequias y sepultura. Y todo ello casi en la casi oscuridad, con tan sólo las velas del tenebrario. Era una celebración destacada de la liturgia oficial, hoy desaparecida, pero antaño con hondo calado social (en algunos pueblos, este oficio de tinieblas se adelantaba a los días anteriores de la semana para distribuir los actos para que no cayeran todos los mismos días).

- Se disponía un candelabro de forma triangular con quince velas (Tenebrario o Tenebrarium) en el presbiterio delante del altar. Los cánticos duraban más de una hora. Al término de cada salmo o lección, cantada en latín, por supuesto, se iban apagando las velas o luces de una en una por riguroso orden: la primera, la más baja del lado del Evangelio; la segunda, la inferior del lado de la Epístola; la tercera, la situada inmediatamente encima de la primera; la cuarta, la contigua a la segunda; ...  y así sucesivamente y alternativamente se iban extinguiendo todas las velas del Tenebrario menos la vela María, la última, que era tapada pero no apagada, porque había que resaltar que, mientras los apóstoles y las mujeres vieron su fe arruinada a la muerte de Jesús, su madre, María, la mantuvo pese a todo; de ahí que no se apagaba, para que volviera a lucir al cabo de un breve tiempo, equivalente, más o menos, al rezo de un Padrenuestro.

- Una vez extinguidas todas las velas, menos la vela María, se continuaba con los seis blandones amarillo que estaban sobre el altar, y con todas las demás lámparas y vela de la iglesia. Cuando el acólito arrodillado en las gradas del altar mayor y con la vela María entre sus manos, iba a esconderla detrás del altar en el mismo lado de la Epístola, fuera del alcance de la mirada del pueblo, la oscuridad se acentuaba en la catedral o en el templo. Expectantes, todos los fieles presentes aguardaban de rodillas a que el sacerdote entonase el "Christus factu est pro nobis obediens usque ad morten". Después escuchaban el sosegado cántico del Miserere: "Darás gozo y alegría a mis oídos, y mis huesos humillados saltarán de contento". Y, finalmente, al escuchar el texto añadido al salmo: "Señor, conózcate justo en tus palabras y venzas cuando juzguen de tí. Fui llevado al Señor oveja a la víctima y no abrió su boca", el mundo parecía venirse abajo, como le vino la muerte a Cristo.

- En ese momento se producía en la iglesia toda clase de ruidos para recordar las tinieblas y el terremoto seguido a la muerte de Cristo. Cientos de matracas, carracas y tablillas quebraban el aire reposado y silencioso de los templos para protestar por el tránsito del Salvador, para estremecerse como se estremeció el universo entero. Este ruido duraba hasta que se destapaba la última vela. La algarabía en el templo a oscuras era una ocasión aprovechada para el jolgorio y la burla.

- Las quince velas es la suma alegórica de los doce apóstoles más las tres Marías. La última, llamada Vela María representa a la Virgen María, cuya fe sobrepasa a la de los apóstoles. También simbólico era el ruido que se hacía en la iglesia, interpretado como las tinieblas que envolvieron la tierra o el estrépito de la cohorte romana. La chiquillería aprovechaba el momento de estrépito para hacer sus bromas: clavar al suelo de madera o bancos las faldas de las mujeres asistentes, o incluso a la rotura de bancos y sillas, pataletas en el suelo, gritos, vocerío. Incluso ocurría que los niños, impacientes por que llegase el final de tanto cántico, tocaban a destiempo sus matracas e incluso se acercaban a apagar las velas antes de tiempo, produciéndose con ello cierta confusión, junto con el enfado del cura y del sacristán.

Tenebrario o Tenebrarium. Siglo XVIII.

- El significado simbólico que tienen los actos de apagar las velas del tenebrario y el ruido que produce al final. Con lo primero se pretende que los cristianos recuerden el abandono de Jesús por sus discípulos y amigos, al tiempo que era atormentado por los judíos. La única vela encendida del final recuerda también a Cristo. El ruido final nos indica las convulsiones y trastornos de la naturaleza en el trance de la muerte del Salvador.

- Las tinieblas, como algunos otros actos litúrgicos, dejaron de celebrarse. En ello pudo influir este desorden durante la celebración, pero tal  vez se debiese a los cambios introducidos posteriormente por la Iglesia en relación con algunas de las prácticas tradicionales.

HECHOS Y PERSONAS DE SEMANA SANTA (no probados canónicamente)

VERONICA

- βερνμκϊ en griego; Bernice o Berenice.

- Personaje de los evangelios apócrifos.

- Es identificada ("Actas de Pilatos" o "Evangelio de Nicodemo, VII) como la mujer con flujo de sangre curada por Jesús (Mt 9, 20-21).

- En "Muerte de Pilatos" aparece como una amiga de Jesús que llevaba muy mal sus ausencias y desea que le hagan un retrato.

- En "Venganza del Salvador", auténtico melodrama, aparece en posesión de un retrato del que es despojada y que trata de recuperar a toda costa, entremezclando su curación anterior con el retrato milagroso. Las dos versiones concluyen en un personaje apreciado por el pueblo, pero de muy dudosa veracidad.

Verónica. Cuenca.
Foto: David Saiz

LONGINOS

- Personaje de leyenda, que no el soldado encargado dela ejecución de Jesús (Jn 19, 34).

- El evangelio apócrifo "Actas de Pilatos, 16" da el nombre de Longinos a este soldado. Más adelante indica que también vigiló el sepulcro, y que después de la resurrección fue a escuchar a Jesús, junto a Prida, la mujer de Pilatos, y echó en cara a los discípulos la resistencia que éstos tenían para creer (Carta de Pilatos a Herodes).

- El "Poema de Mio Cid", versos 352-356, se hace eco de la leyenda de que Longinos era ciego, pero fue curado al frotarse los ojos con la mano manchada de sangre que había goteado de la lanza o por la lanza.

Longinos. Cuenca.
www.jesusamarrado.com

Longinos


MONUMENTO

- Monumento -> "Vulgarmente se toma por el túmulo y aparato que se haze en toda la Yglesia Católica el Jueves y Viernes Santo, donde puesta un arca en forma de sepulcro, se encierra el Santísimo Sacramento, en memoria del sepulcro en que estuvo en aquellos tres días el cuerpo de Nuestro Redemptor Jesu Christo. Pero en rigor, "Monumentum est quid quid os monet, ut tituli, sepulcra, estatue, fama, porticus, thetra, carmina, historiae, documenta, preaedeptiones, sapientum monita, libri et cartera ciusmundi" (Sebastián de Covarrubias. Diccionario, pag. 762. Siglo XVII).

- Està escrita esta definición en un momento en que este elemento gana grandiosidad, se construyen monumento de gran tamaño, auténticos ostensorios eucarísticos que contribuyen a la solemnidad y pompa con la que se realizan los actos religiosos debido al impulso que da el Concilio de Trento a raíz de los ataques que había sufrido la Eucaristía por parte de los protestantes.

- El rito de Monumento consiste, grosso modo, en trasladar el Santísimo Sacramento del altar a un lugar especial que recibe el nombre de Monumento, donde es adorado por los fieles hasta el día siguiente en que será consumido.

- Esta forma de adoración tiene su origen en época paliocristiana, debido a que el Viernes Santo no había consagración; no estaba permitida por considerarse un día alitúrgico centrado en la Cruz.

- Durante los primeros siglos del segundo milenio después de Cristo, la Eucaristía fua adquiriendo una mayor devoción; especialmente tuvo gran arraigo entre el pueblo, pasando a ser guardada den la sacristía de las iglesias a ser depositada en el sagrario del altar mayor.

- También en ese momento se comienza a realizar la elevación de la hostia y el cáliz tras la consagración, así como las exposiciones, y también a raíz de las celebraciones del Jueves Santo nace la festividad y procesión del Corpus Christie.

- Es en ese momento cuando el Monumento de la Semana Santa alcanza verdadero significado, evocando la deposición de Cristo en el Santo Sepulcro, y conectando la devoción eucarística con la Pasión y Muerte.

- El sacerdote consagraba dos hostias el Jueves Santo: una para la comunión de ese día y otra se conservaba hasta la función del Viernes Santo.

- En principio, la reserva se realizaba bajo las dos especies y se guardaban en la arqueta o sagrario donde habitualmente estaba. Es a partir del siglo XI cuando el vino se deja de reservar y comienza entonces un rito que cada vez será más complejo y solemne.

-Tras la Misa in Cena Domini, la hostia que se reservaba para el Viernes Santo se encontraba introducida en un cáliz, el cuál se cubría con la palia y la patena invertida; todo ello se envolvía con un paño blanco de sede que se ataba al cáliz para la procesión.

- Místicamente, el cáliz representaba en la Edad Media el Santo Sepulcro, la palia y la patena la piedra con la que había sido sellado el sepulcro, y el paño blanco con la colonia para atarlo simbolizan la mortaja.

- El Santísimo Sacramento era llevado bajo palio, cuyos varales eran portados por sacerdotes o por las autoridades, ya que se consideraba una forma de honor.

- La procesión recorría el camino más largo en el interior del templo, realizándose en algunos lugares estaciones o paradas y, mientras, se cantaba el "Pange Lingua". A la llegada al monumento se cantaba el "Tantum Ergo Sacramentum" mientras se inciensa el Sacramento. Se introduce en el sagrario o arca y se cierra. Finalmente, el celebrante se cuelga la llave al cuello.

- En algunos lugares, la  llave se cedía al  alcalde o al representante de alguna hermandad o gremio.

- Después de cerrarse el Sagrario, especialmente en los pueblos, se colocaban las varas del alcalde y del juez junto al altar del monumento. El dejar este símbolo de autoridad indica un tiempo de ausencia de poderes en las localidades, lo cual justifica en estos días juegos como las chapas. (¿El juego de las Caras de Calzada de Calatrava (Ciudad Real) tiene su origen en esta ausencia de autoridad al celebrarse en la mañana del Viernes Santo?).


Juego de las chapas

- El Monumento se convierte en una especie de sanctasanctorum, de centro de atención en las iglesias, ya que, después de los oficios de Jueves Santo, se tapaban todos los retablos con cortinas moradas o negras, se retiraban los crucifijos, se despojaban los altares y las campanas callaban o se sustituían por carracas, matracas, tablillas, etc.

- La adoración de Santísimo Sacramento en el Monumento terminaba con la función litúrgica del Viernes Santo, en que era sacado el arca o sagrario para ser consumido por el celebrante.

- Se formaba de nuevo una procesión con la misma pompa que la del Jueves Santo y con el canto del "Vexilla Regis", que es un himno a la Cruz.

- La procesión eucarística del Viernes Santo con la vuelta del Santísimo Sacramento al altar se realiza sin solemnidad por el camino más corto, debido a que no están en consonancia con el carácter de la liturgia de la jornada, que se centra en la Pasión del Señor y en la Cruz.

- A partir del Concilio Vaticano II (1959-1962), el significado del Monumento como sepultura del Señor queda relegado, y se aconseja erradicar todo símbolo que se relacione con ello. Los motivos de meditación han de ser la Eucaristía como memorial de la Muerte y Resurrección de Cristo, el Sacerdocio Ministerial como presencia de Cristo en el Mundo, y el mandato del amor fraterno como respuesta.

- A partir del Concilio Vaticano II (1959-1962) se desplaza del  todo la temática pasionista predominando una temática eucarística, que se manifiesta en una mesa colocada ante el sagrario, cuyo fin es imitar la Última Cena, patos, vasos y alimentos con una simbología apropiada, como las espigas, trozos de pan junto a racimos de uva o un cántaro de vino, además del huevo, símbolo de eternidad. Las velas que se ofrecían al Santísimo Sacramento no han faltado nunca.

- Con el Concilio Vaticano II se recomienda sobriedad y austeridad.


HECHOS DE LA SEMANA SANTA (no probados canónicamente)

- San Gregorio Nacianceno había sostenido que ese lugar cercano al Calvario donde se había refugiado María durante las cuarenta horas que había estado su Hijo sepultado, era propiamente la casa de San Juan, al que había sido confiada pocas horas antes: "Es necesario que te recojas allí, Señora. Como está próxima al sepulcro podrás observarlo todo. Allí permanecerás tranquila todo el día de mañana (sábado y la ley judía prohibía realizar ningún trabajo físico; de ahí la premura de sepultar antes del ocaso el cuerpo de Jesús) y, según el precepto, aguadarás a la oscuridad resplandeciente del día tercero para, en secreto, cumplir con las prácticas acostumbradas."

- No existe unanimidad entre los autores sobre el lugar dónde se retiró María tras la sepultura de su hijo. Así, frente a esta tradición, hay otra que asegura que se recluyó en el Cenáculo junto a Juan y el resto de las mujeres que la acompañaban. Son muchos los autores que sostienen este punto.

- Existe otra tradición según la cual la Virgen María se recluyó en casa de su madre tras la sepultura de Jesús.

- Un relato apócrifo siríaco del siglo V titulado "De transitu Mariae" señalaba que la Virgen no sólo quiso habitar cerca del sepulcro, sino que hasta el fin de su vida en la tierra gustó de peregrinar por los lugares donde había sufrido su Hijo, deteniéndose particularmente en el Calvario y en el Santo Sepulcro. Podemos entrever aquí ya el origen del la leyenda, muy popular entre los siglos medievales, según la cuál, María había la primera persona en recorrer la Viacrucis.

Santo Sepulcro de Jerusalen.

- No hay alusión histórica, sino literaria, cuando Pilatos presenta a las multitudes a Jesús azotado y coronado de espinas (espinas de una planta llamada carbonera) diciendo: "He aquí al Hombre (Ecce Homo)", remedando la escena final y las últimas palabras del corifeo de la tragedia "Edipo Rey" de Sófocles; "He aquí Edipo".



- Pilatos -> único personaje histórico que aparece en el Credo de Constantinopla (381) que no en el de Nicea (326).


martes, 7 de abril de 2020

CUANDO ÉRAMOS FELICES,... NO LO SABÍAMOS,... NO LO SUPIMOS APROVECHAR



CUANDO ÉRAMOS FELICES, …, NO LO SABÍAMOS, … NO LO SUPIMOS APROVECHAR

            Cuando todo parecía que la normalidad anodina volvía a presidir mi vida, que nada ni nadie tendría las suficientes agallas para venir a mí, ¡a mí!, a perturbar mi plácida vida, y sacarme de mi calentita mesa camilla en la que ahora estoy acomodado, con mi brasero de carbonilla al que mi madre sobrasa de cuando en cuando para que no pierda ese calor que me permite permanecer adormecido mientras socializo pantallal y pulgarísticamente con congéneres de mi mismo sector productivo, un bichito diminuto y mudo, sin previo aviso (siempre se ha dicho que no son buenas las mosquitas muertas) y con muy mala leche (lo dicho, no son buenas las mosquitas muertas), viene a mi casa, se planta ante mí y me suelta dos hostias en “toa la cara” diciéndome (¿no era mudo el bichito?) que hora él está aquí, que ya ha llegado, que ahora es él quien manda, que tengo que espabilarme y hacer algo de provecho en la vida (¿qué será eso de provecho? ¿Comer algo y que te siente bien? ¡Pero si no hago otra cosa en todo el día!). ¡Maldita suerte la mía! ¡Ahora que le había pillado el tranquillo a ésto de la tranquilidad y buenos alimentos! ¡No es justo! ¡No es legal! ¡Eso es fascismo! (por decir algo, porque tampoco sé muy bien qué significa fascismo).

            Lo anterior, bien podría ser la más normal de las reacciones de muchísimos (¡no todos!) adolescentes y no adolescentes que, una vez sus familias han paliado y superado como han podido la anterior crisis económica, han vuelto a las andadas acerca de la despreocupación de su futuro, teniendo la certeza que, de momento, no les falta de nada, incluso la comprensión familiar que les permite hacer lo que están haciendo en la vida día a día: nada de nada. Como mucho, están reafirmando su fracaso como personas y como hijos, con el beneplácito y la bendición de sus familias (luego tampoco es tanto fracaso a vista de la familia).

            Desde hace más de mil años, el hombre ha tenido consciencia, no de sí mismo, que ya la tenía, sino de lo importante que son los conocimientos acerca de toda su existencia y de todo lo que le rodea; lo importantes que son los saberes que desconoce, los desconocimientos que sabe que no sabe. Y desde ese tiempo pretérito se ha afanado por irlos descubriendo y aprendiendo. Ello ha permitido, no sin esfuerzo, progresar en la vida, avanzar hacia un futuro lleno de incógnitas pero también lleno de certezas: las mismas que él ha ido descubriendo, sabiéndolas y ofreciéndolas a todo aquel que quisiera aprenderlas con pleno convencimiento. A ese esfuerzo de aprendizaje y comunicación de saberes y descubrimientos, el hombre pretérito le llamó educación, esfuerzo que aún hoy día permanece vigente, pero con mucha menos importancia en la vida personal de lo que nuestros pretéritos le dieron, mucha menos aún entre nuestros adolescentes y jóvenes.


Escuela Tresjuncos (Cuenca)


            Estos viejos antepasados carcamales (como gusta definirlos a los más espabilados) no tuvieron mucha dificultad en darse cuenta que la educación, además de enseñar conocimientos acerca de cualquier faceta relacionada con el hombre y su existencia, no sólo favorecía esta última, sino que era imprescindible para el desarrollo de sí mismo y de todo el conjunto como sociedad (adaptándola cada uno a la que le tocó vivir). Supo ver y entender que la gente que adquiría conocimientos se iba habituando más fácilmente al mundo que le tocaba vivir, comprendiendo mucho mejor la realidad que le rodeaba. Tuvo claro desde un principio que la gente con educación, y además con saberes, adquiría una mayor capacidad de adaptación y de enfrentamiento ante situaciones muy difíciles y complicadas, riesgos asociados, problemas también asociados, y, ¡cómo no!, sobrevenidos.

            Esa capacidad resolutiva de problemas y complicaciones, la mayoría de las veces, no la suelen tener las personas e individuos que tienen escasez educativa por cualquier causa (incluidas las despreciativas hacia ella). Y si esos problemas y complicaciones proceden del mercado productivo, como ya ocurriera no hace mucho tiempo atrás (la memoria histórica es muy desmemoriada), la falta de educación y, por ende, de formación, ha penalizado el puesto de trabajo obtenido para desarrollarse a sí mismo y como componente social del mundo que le rodea. Durante ese tiempo, la educación tuvo la desfachatez de expulsar de la sociedad (no porque no hiciera falta en ella) a muchas personas que habían vivido en un limbo paradisíaco y opíparo, alimentándose de un maná que bien poco le importaba de donde venía, pero que tan bien rico le sabía y le alimentaba sin mucho esfuerzo. Entonces eran felices, todo era maravilloso. Las vacas gordas no paraban de dar leche y ellos no paraban de beberla a tragos grandes, incluso atragantándose.

Cuando el tetamen se secó, todo se vino abajo, y comenzó la penosa travesía por el desierto, donde sólo había fuego en los pies, sudor en la frente y espinas en las manos, pero nada que pudiera poner fin a los sufrimientos o paliar penalidades durante esa triste travesía. Fue entonces cuando se les apareció una luz, los iluminó y supieron ver que antes eran felices y no lo quisieron saber. Pensaban que esa era la vida real, la verdadera vida. Tanta felicidad desbordaba su existencia que cegaba su entendimiento y su razón de ser y de existir. Tuvo que venir un espíritu diabólico para tirarles de las orejas y ponerlos en sus sitio.

Catedral de Santiago de Compostela. (La Coruña)

Como ahora.

Después de un periodo donde las vacas flacas iban nuevamente cogiendo peso, iban nuevamente dando leche (pero sin cacao como antes), y a lo lejos se empezaba a vislumbrar el final del túnel los días que no hubiera niebla o calima, todo se derrumba de nuevo, pero esta vez con mucho más dramatismo y crueldad, ya que no ha habido un preaviso, no ha habido un toque de corneta de retirada aunque fuera en desbandada. Ha sido una explosión traumática que está haciendo prisioneros in posibilidad de conseguir la libertad a cambio de dinero o de otros prisioneros.

Desde la prisión en la que cada uno está cumpliendo su condena (unos prisión de paja, otros de madera y otros de ladrillo) van tomando conciencia poco a poco, día a día, de lo felices que eran antes y no lo sabían, no eran conscientes. Se están comenzando a morder y comer las uñas (primero la de las manos, después la de los pies, más tarde la de sus allegados) acosados por el remordimiento de no haber sabido aprovechar el chupar bien de la teta de la vaca medio flaca medio gorda (según lo quiera haber visto cada uno). Y ello también incluye a su educación, su formación y a ambas cosas de sus hijos y familiares, pero sobre todo la de sus hijos.

El remordimiento y el autoreproche les hace más insufrible e insoportable el encarcelamiento, ya que en vez de ser cómplices del acomodamiento y acojinamiento al que han sometido a sus hijos, deberían haber sido casi unos tiranos y déspotas, obligándoles a formarse y educarse para un futuro llamado “por lo que pudiera pasar”, como así ha sido. Han sido cómplices de una permisividad nunca vista, además de difamar e injuriar una educación donde lo único que pretendía era formar de la mejor forma y manera posible a sus hijos. Han permitido que fueran sus hijos quienes dijeran a sus educadores lo que querían aprender y cómo lo querían aprender, sopena de ser acusados de traidores a su causa. Han permitido que sus hijos pantalleen constantemente convirtiendo en formación, educación y valores, todo lo conseguido y adquirido durante su apantallamiento, olvidando lo esencial para el desarrollo integran y social de la persona. Han permitido que sus hijos fueran capaces de arrinconar a cualquier educador que les pudiera exigir conocimientos y comportamientos que desafíen los suyos, alegando que son comportamientos y conocimientos ofensivos. Han conseguido sacar a relucir su intransigencia y arrogancia cada vez que un educador “atentaba” a la moral de su hijo, dejando al descubierto su forma de entender el mundo, más basada en cimientos de ignorancia que en cimientos de paja. En definitiva, han dejado ser a sus hijos que sean como ellos han querido ser, que hagan lo que han querido hacer, y que digan lo que han querido decir. Han dejado que sean sus hijos los que ellos mismos decidan, ¡con su edad!, lo que quieren o no quieren hacer, con su conocimiento social y con su experiencia. ¡Ahí es nada!

Infierno. San Esteban de Gormaz (Soria)

¿Y ahora qué? ¿Qué hacer?

Ahora que ya se ha reafirmado y consolidado el fracaso educativo de los hijos en el correspondiente centro educativo, ¿qué hacer? ¿Se sigue mirando para otro lado como antes? ¿Se busca un culpable o un cabeza de turco, un varón de dolores que cargue con sus culpas como han hecho siempre los españoles para solucionar un problema? ¿Dónde se busca? ¿Se va a encontrar? Seguro que sí, pero, realmente, no será a quien se busca, porque a quien se busca está dentro de la casa, está dentro de cada uno; otra cosa es que se encuentre o se quiera encontrar, que no siempre eso ocurre, sobre todo por falta de ganas y miedo ante lo que pueda decir y cómo lo diga.

Se podría dedicar el tiempo de encarcelamiento y presidio a buscar, a encontrar, a jugar a adivinanzas y acertijos, pero eso quizás sea una forma de echar balones fuera acerca del verdadero problema que se ha creado alrededor de nuestros hijos: no se ha aprovechado el tiempo de relativa bonanza en educar y formar conveniente y regladamente a nuestros hijos. No lo hemos sabido aprovechar.

Ahora, después de este periodo de confinamiento carcelario, cuando trate paulatinamente volver la libertad a la vida, la situación puede ser aún más dramática que el propio presidio. A la falta de educación y formación y, por qué no decirlo, a falta de trabajo, el remordimiento y el reproche pueden dejar calvo a más de un melenudo por tirarse de los pelos, rabiosos, pensando en la oportunidad perdida cuando eran felices, no lo sabían y tampoco lo supieron aprovechar por desconocimiento al no saberlo, por su descastamiento social y su egoísmo exacerbado o porque simplemente… no quisieron saberlo.




domingo, 5 de abril de 2020

¡VAYA POR DIOS!

¡VAYA POR DIOS!
       
            No son días para pronunciar panegíricos; tampoco para el ensalzamiento, la magnificencia y la loa. Son días tristes para unos, funestos para otros, insoportables para la mayoría, pero días al fin y al cabo. Y como lo que son, debemos aceptarlos, a regañadientes, pero aceptarlos; enfadadísimos por comportamientos incívicos (no me gusta la palabra insolidarios, creo que está demasiado concubinada, simoniada) de personas irresponsables que, además de fraudar, una vez más, a toda una sociedad, han agrandado más un inmenso y desconocido problema con su egoísmo y falta de solidaridad, pero aceptándolos como se puede, como cada uno sabe pero nunca como cada uno quiere, ya que ha sido la vida quien, una vez más, nos ha colocado en nuestro sitio y nos ha dictado lo que tenemos que hacer mientras nosotros nos empeñamos en hacer otras cosas.

            Son muchas las personas, sobre todo las más mayores, que no dejan de preguntarse una y mil veces al cabo de cada infinito día por qué nos está pasando todo esto; por qué Dios lo está permitiendo, por qué lo está tolerando. Ya en su días, cuando el Papa emérito Benedicto XVI visitó el campo de concentración de Aushwitch en 2006, al salir se hizo la misma pregunta, para, después, sentenciar que nunca más se podría hacer poesía después de ver aquello.

            ¿Quién no se ha preguntado alguna vez dónde está Dios cuando el hombre sufre? ¿Dónde está Dios y por qué calle ante el sufrimiento de injusticias y tragedias? Cuando vemos un mundo de violencia, de pobreza, de catástrofes naturales, de pavorosos dolores, seamos crédulos o no, acabamos pensándolo clásico: si Dios existe, espero que tenga una buena razón para permitirlo. Sabemos y somos conscientes que los males está ahí, pero también sabemos (así se recalca en la liturgia de la misa) que Dios es omnipotente, bondadoso y misericordioso. Entonces, ¿por qué no elimina todos los males cuando su omnipotencia y bondad pueden hacerlo? ¿Es porque no quiere? ¿Quiere enseñarnos alguna determinada lección basada en el sufrimiento y en el padecimiento? Si así fuera, ¡vaya por Dios!.

Majestad Batlló

           Comienza la Semana Santa. No de la mejor manera ni de la mejor forma que nos hubiera gustado comenzarla ni vivirla. La imagen de esta Majestad nos muestra a Cristo crucificado con los ojos abiertos. Nos dice que, aunque la muerte está cerca, permaneciendo despiertos lograremos vivir. ¡Ha vencido! ¡Ha ganado! ¿Nosotros?

          En esta Semana Santa, ¡vaya por Dios!